Instituto Antártico Chileno

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Cooperación internacional potencia estudio del efecto del calentamiento sobre musgos antárticos

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Publicado
7 de ene del 2014

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Ciencia cooperación

Con interesantes perspectivas de desarrollo, regresó a mediados de diciembre desde la Antártica el grupo liderado por la Dra. Angélica Casanova, de su primer trabajo en terreno para la temporada 2013-2014. Casanova está estudiando el efecto del calentamiento global sobre las comunidades de musgos antárticos y su interacción con plantas nativas.

“Nuestro trabajo se centró en la bahía Fildes, fuimos a instalar estaciones climáticas, a revisar cómo estaban las cámaras de calentamiento y también invité a Sharon Robinson, que es especialista en musgos antárticos”, comenta la Dra. Casanova, quien ha mantenido su investigación a lo largo de seis años, por lo tanto, “podemos empezar a ver las respuestas en este momento, porque en el caso de los musgos, como el crecimiento es tan lento, tú necesitas largos periodos para poder hacer un estudio”.

Según la investigadora de la Universidad de Concepción, se ha observado un aumento en la producción de esporofitos, que son las estructuras de reproducción sexual de los musgos. Normalmente los musgos se reproducen de forma asexual, es decir, por explantes vegetativos: se rompe un pedazo de musgo y genera otro musgo. “Con el esporofito tú tienes la posibilidad de trasladar el musgo a mucha mayor distancia, porque se producen esporas, que tienen mayor variabilidad genética, por lo tanto, generan mayores posibilidades de adaptación al ambiente cambiante. Eso es lo que nos interesa: si producto de este cambio climático las especies serán capaces de adaptarse en el futuro”, explica Casanova.

En la Antártica, los musgos y también las plantas superiores (como Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis) privilegian la reproducción asexual. Sin embargo, la científica chilena cree que con el calentamiento debería cambiar esto e invertirse el modo de reproducción, es decir, que el costo que significa producir una estructura sexual (implicando más variabilidad), se aminore porque hay mayor temperatura, ya que este es uno de los factores que limita la reproducción sexual.

En este trabajo en terreno, Casanova sumó a una reconocida investigadora de musgos antárticos, la Prof. Sharon Robinson, de la Universidad de Wollongong (Australia), a quien conoció en la Conferencia Abierta del Comité Científico para la Investigación Antártica (SCAR), en Buenos Aires, el año 2010. El año pasado en la conferencia de Portland, la invitó formalmente y este año en el simposio de Biología del SCAR en Barcelona se pusieron de acuerdo en lo que podían hacer juntas. “Con Sharon aprendí cómo tomar las muestras que queremos hacer, cómo muestrear para buscar algunos efectos que no son fáciles de percibir, por ejemplo, para saber si el calentamiento está mejorando el metabolismo de los musgos”, relata Angélica.

Cruzando el mundo a través de la Antártica

Para Sharon Robinson esta era su primera vez en la isla Rey Jorge, en la Antártica occidental. En cambio, en la Antártica oriental ya ha estado diez veces. Según Robinson, la isla Rey Jorge (62° 12′ S, 58° 57′ W) tiene mucha más vegetación que Casey (66° 17′ S, 110° 31′ E) o Davis (68° 35′ S, 77° 58′ E), las bases australianas. “Nosotros sólo tenemos tres especies de musgos, una de plantas hepáticas y veintitrés líquenes y aquí tal vez hay diez veces eso, mucho más verdes y mucho más grandes”, explica la profesora de ciencias de las plantas de la Universidad de Wollongong.

Robinson comenta que en la Antártica oriental existen especies de líquenes de 10 cm de largo y de 400 años de vida. Entonces, lo que quieren hacer en la isla Rey Jorge es tomar muestras y ver qué tan rápido crecen, ya que el ambiente es más cálido y deberían crecer en forma más rápida y ser más jóvenes.

“Lo otro que estamos haciendo es tratar de ver si podemos usar isótopos estables de carbono en las paredes de los musgos para ver qué tan húmedo es el ambiente y esperamos que esto nos permita saber cómo ha cambiado el clima en una escala muy pequeña”, dice Robinson. Así, los musgos dirán si este lado del Continente Blanco es más húmedo o más seco que hace 50 años. Según Sharon, como los testigos de hielo son obtenidos en el interior del continente, estos musgos entregarán una marca climática distintiva para el borde de la Antártica.

Estas investigaciones forman parte del proyecto “Evaluando la importancia de las carpetas de musgo para el establecimiento de plantas nativas en la Antártica, bajo un escenario de cambio global”, financiado por Fondecyt y el INACH.

Sin embargo, Casanova también está trabajando en otro proyecto, liderado por el Dr. Gerardo González, denominado “Actividad antibacteriana de líquenes antárticos contra bacterias patógenas multirresistentes”. En esta investigación están buscando metabolitos secundarios con actividad antibacteriana o antibiótica, para lo cual tomaron muestras con el apoyo del químico Mauricio Cuéllar. Él es responsable de la generación de los extractos, aislación, purificación y caracterización de los metabolitos liquénicos. Para este docente de la Universidad de Valparaíso, también se trataba de la primera vez en la Antártica. “Fue espectacular y lo que más me llamó la atención fue lo que generosa que es la Antártica en cuanto a la biodiversidad liquénica que tiene”, dice Cuéllar.

En enero, Angélica Casanova volverá a la Antártica con dos expertos alemanes, que la apoyarán, esta vez, en el trabajo con los líquenes. “Ellos van a estar unos veinte días con nosotros. Además vendré con una experta de la Universidad de Portland que trabaja en reproducción sexual de musgos. Con ella haremos todo el estudio de producción de esporofitos en los musgos con el calentamiento y vamos a utilizar herramientas genéticas para poder trabajar este tema”, detalla.