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INACH: 50 años como impulsor de la ciencia antártica nacional

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Publicado
4 de mar del 2014

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Prof. Anelio Aguayo.

Pequeñas historias y testimonios

El año pasado se cumplieron cinco décadas desde que se creara el Instituto Antártico Chileno al alero del Ministerio de Relaciones Exteriores, con el objetivo de impulsar la ciencia polar nacional y constituirse en un organismo técnico capaz de ofrecer una voz especializada en un tema tan complejo como el antártico. Han sido 50 años en los que la ciencia ha transitado varias etapas, las que son reseñadas en este artículo mediante el testimonio de sus principales protagonistas.

Con el objetivo de cumplir con los nuevos desafíos y deberes que el país asumía al firmar el Tratado Antártico, se crea en 1963 el Instituto Antártico Chileno (INACH). Esta decisión política provocó un cambio de paradigma en la proyección del país hacia el sur del mundo, al colocar a la ciencia como punta de lanza en la exploración de ese territorio. La tarea no estuvo exenta de dificultades tanto para el INACH como para la ciencia nacional. La nación asistía a las primeras reuniones consultivas, sin tener gran participación. El ex director del Instituto, embajador Óscar Pinochet de la Barra, jefe en ese entonces de la Sección Antártica e Isla de Pascua de la Cancillería, advertía tempranamente de la necesidad de fortalecer el desarrollo científico antártico nacional, “que era muy poco y de escasa significancia mundial”.

Luego de la participación chilena en la II Reunión Consultiva del Tratado Antártico de 1962, por primera vez se piensa en la creación de un instituto antártico con una dirección técnica y autónoma. Al año siguiente se rediseña una primera propuesta presentada al parlamento por el Ministro de Relaciones Exteriores Carlos Martínez Sotomayor y se funda el INACH mediante la Ley Nº 15.266, un 10 de septiembre de 1963 y publicada en el Diario Oficial el 10 de octubre de mismo año. La inauguración de la nueva institución fue el 29 de mayo de 1964, en el Salón de Honor de la Universidad de Chile.

Las primeras expediciones

Alejandro Forch, Jefe del Departamento Técnico del naciente organismo, describe el escenario con estas palabras: “Hasta la puesta en marcha del Instituto, uno que otro investigador con intenciones antárticas lograba que la Armada lo incorporara en algunas de sus comisiones. Actuaba por su cuenta y el rendimiento estaba acorde con las posibilidades del Grupo de Tarea Antártica y con la buena voluntad de nuestros marinos”.

Hasta esa fecha la ciencia polar nacional era liderada por la Universidad de Chile. En 1964 comienza a funcionar el Departamento Científico del INACH, que organiza la primera Expedición Científica Antártica (1964-1965). Entre los pioneros se encuentran los investigadores Braulio Araya, Waldo Aravena, René Covarrubias, Roberto Araya, Francisco Hervé, Hugo Villarroel y Milton Quiroga, de la Universidad de Chile, junto al profesor de la Universidad de Concepción, Hugo Moyano, los meteorólogos Mario Arriagada y Ángel Concha, de la Dirección Meteorológica de Chile, y el arquitecto Myrus Garthof, de la Fuerza Aérea de Chile.

moyano-herveProf. Hugo Moyano y Dr. Francisco Hervé.

El Dr. Francisco Hervé (70) ha ido ocho veces a la Antártica y aún sigue ligado a la geología polar. La primera vez estuvo tres meses junto a su compañero Roberto Araya. Cuenta que en esa época la logística era muy diferente. En la base Prat había perros y se cazaban focas para alimentarlos. “En esa base había un galpón grande lleno de gallinas, ovejas, chanchos, así tenían comida para el año y se comía fantástico. Una noche se oyó un estruendo en el galpón. Se soltaron los perros de los trineos y mataron a todos los animales, todos los chanchitos. Se salvó la chancha grande, los perros no pudieron con ella. Se quedaron sin comida para el invierno. En ese entonces, los trineos se ocupaban para trasladar la carga del buque a la base y principalmente para dar paseos, no existía allá ningún vehículo motorizado”.

En las décadas del sesenta y setenta, el INACH apoyaba de 6 a 12 proyectos científicos por temporada. Muchos eran de monitoreo de largo plazo. La geología se destacaba. En los primeros 30 años, el desafío fue catastrar lo “que había” en ese ecosistema, cuenta el profesor Anelio Aguayo (80), quien participó en la segunda expedición (1965-66) del INACH, junto al estudiante Daniel Torres, ambos como parte del grupo de mamíferos marinos de la Chile.

Relata que su viaje se da luego que el embajador Enrique Villarroel y del General Ramón Cañas Montalva piden al Laboratorio de Montemar, de la Chile, hacer un catastro de especies en la península Antártica, para entregarlo en la IV Reunión Consultiva, a efectuarse en Chile, en 1966. “El país, en la tercera reunión, había propuesto un acápite en la discusión de la conservación de la flora y fauna antártica, pero al regresar a Santiago, se dan cuenta que no conocían nada. Estaban sólo las observaciones de los doctores Parmenio Yáñez y Guillermo Mann. Partimos desde Valparaíso”, cuenta Aguayo.

Otro de los protagonistas de las primeras expediciones fue el profesor Hugo Moyano (74), quien está orgulloso de ser de los pocos que continúa haciendo una cátedra sobre la Antártica en la Universidad de Concepción. Fue pionero en el estudio de los briozoos en Chile. Pasó tres meses navegando con la Armada de Chile. “La gran mayoría no tenía experiencia en navegación. Hacíamos lo que casualmente se podía hacer. Cero planificación. Tuvimos muy buena ayuda de la tripulación. Luego visitamos todas las bases, hasta atravesar el círculo polar antártico. En bahía Margarita encontré una nueva especie de briozoos. Tuve mucha suerte”, explica Moyano.

En 1978, se crea el Consejo de Política Antártica y, al siguiente año, el INACH es facultado para organizar y dirigir expediciones, emprender directamente trabajos de investigación científica y mantener bases propias en la Antártica. Esto da un nuevo impulso a la investigación polar.

gallardo1Dr. Víctor Gallardo.

Según cuenta el Dr. Víctor Ariel Gallardo (78), quien fue por primera vez en la temporada 1967-68, “en esa época habían muy pocos fondos. El INACH financiaba el viaje, algunos equipos y nada más. A mí me interesaba saber cómo la vida se comportaba en el fondo marino antártico. Quería saber si la vida se había diversificado. Instalé un acuario a bordo del barco. Nosotros fuimos pioneros”.

Para Gallardo, uno de los aspectos más destacables de esos tiempos fue su labor en el Comité Científico Internacional dando cuenta de los problemas que vendrían a futuro, la contaminación, la explotación de los recursos, el cambio global, entre otros. “Nos preocupamos de crear los cuerpos de política internacional que hoy norman la administración de la Antártica”, comenta con un sesgo de satisfacción.

En los ochenta se siguió apoyando una ciencia orientada al conocimiento y evaluación de los recursos existentes en el continente y el océano Austral. Aparecen los proyectos multinacionales, destacando el Biological Investigation on Marine Antarctic System and Stocks (BIOMASS), impulsando tres cruceros antárticos (81-84-85).

Un investigador que ha olvidado las veces que ha ido a la Antártica es el Dr. Aurelio San Martín (66). Este químico farmacéutico de la Universidad de Chile, se ha dedicado a estudiar la química orgánica de los productos naturales. Su primer viaje fue entre 1983-84. El 2013 estuvo trabajando en Fildes. “Siempre que voy, digo será la última”, acota.

De sus primeras experiencias en investigación polar, San Martín destaca el espíritu antártico de colaboración. Dice
que “todos participaban en todas la tareas. Hoy ha cambiado. Todos quieren ir a Escudero y las facilidades han hecho que ese espíritu haya cambiado”.

Piensa que hace 20 ó 30 años “éramos vistos como bichos raros” y que hoy hay más oportunidades e interés. “Éramos obreros de la ciencia. Antes era más romántico, había mayor sacrificio y esfuerzo”, culmina San Martín.

Base Escudero

El decenio de 1990 al 2000 se caracterizó por un esfuerzo de modernizar la infraestructura y por iniciar investigaciones al interior del continente. Los hitos están en torno a las primeras construcciones de la base “Profesor Julio Escudero”, en 1995, y de la base “Antonio Huneeus”, en Patriot Hills, en 1999.

A fines de 1992, se crea el Concurso Nacional de Investigación Científica y Tecnológica en la Antártica, pero el grueso de la actividad científica se mantiene en convenios institucionales y proyectos de monitoreo. En los años 1995 y 2001, se diseñan planes quinquenales de investigación. Destacan los estudios de telemedicina, los trabajos de paleoflora, la ecología de cetáceos, los estudios del lobo fino, la glaciología, el trabajo en Ciencias de la Atmósfera y el Espacio, y las investigaciones en arqueología histórica.

Junto a este desarrollo científico, permanecían figuras clave del ámbito diplomático como los embajadores Óscar Pinochet de la Barra (“él es el gran artífice de esta obra”, según dijeron varios investigadores), Jorge Berguño y Fernando Zegers, especialmente Berguño como un destacado historiador polar y la personalidad gubernamental más influyente en la política antártica internacional, que posicionó a Chile como un actor relevante en el Sistema del Tratado Antártico. Como contextualiza Retamales, “el INACH es heredero de su impronta”.

Traslado a Punta Arenas

La historia reciente del INACH tiene un hito importante el año 2003 con el traslado de su sede nacional a Punta Arenas. Según señala el actual director del INACH, Dr. José Retamales, la tarea ha estado guiada por tres ejes: mejorar la calidad de la ciencia antártica nacional y aumentar los recursos; robustecer la condición de región antártica; y desarrollar el capital social a nivel nacional en torno al Continente Helado a través de la cultura y la educación.

En este contexto, se decidió privilegiar el sistema de concursos de proyectos evaluados por pares, principalmente internacionales. En el 2004, los recursos disponibles eran de 47 millones de pesos para transferir a las universidades y hoy bordean los 2 mil millones de pesos. Esto es gracias a los convenios con Conicyt y sus principales programas, a la cooperación internacional, y a la llegada de proyectos del Corfo InnovaChile y recursos del Gobierno Regional de Magallanes.

Esto ha permitido triplicar el número de proyectos científicos antárticos en los últimos siete años. En la última temporada, INACH apoyó 63 proyectos, de los cuales 41 estuvieron en terreno. Ello significó que 117 investigadores nacionales y más de 300 personas se movilizaran a nuestras bases y campamentos. Actualmente, 71 proyectos conforman el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).

El INACH ha consolidado cinco líneas de investigación: Relaciones entre Sudamérica y Antártica; Adaptaciones al medio antártico y sus biorrecursos; Abundancia y diversidad de organismos antárticos; Calentamiento global y evolución del clima; y Medioambiente. Para Retamales lo más importante de esta etapa es que el INACH es hoy entendido parte integrante del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología de Chile.

“Esto no lo hubiéramos logrado sin la comunidad científica nacional y aquellos pioneros investigadores que, a pesar de las dificultades, contribuyeron a descifrar lo que la naturaleza esconde en el Sexto Continente”, explica el director del INACH. Nombres como Anelio Aguayo, Tarsicio Antezana, Jorge Carrasco, Gino Casassa, Enrique Cordaro, Luis Corcuera, Wladimir Covacevich, Víctor Ariel Gallardo, Óscar González Ferrán, Carlos Guerra, Alberto Foppiano, Francisco Hervé, Cedomir Marangunic, Carlos Moreno, Hugo Moyano, Armando Mujica, Mario Palestini, Margarita Préndez, Wanda Quilhot, Aurelio San Martín, Roberto Schlatter, Rubén Stehberg, Daniel Torres, Teresa Torres, José Valencia y Gustavo Zúñiga, entre otros, “tienen un lugar reservado en la historia polar mundial”.

Por Elías Barticevic*
Periodista
ebarticevic@inach.cl

*El autor agradece la colaboración en esta nota de la investigadora Rosamaría Solar y la periodista Cecilia Saavedra (Programa Explora del Bío Bío-UdeC).