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Antártica: ¿Una oportunidad para el desarrollo magallánico?

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Publicado
11 de ago del 2014

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opinión prensa

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Punta Arenas, 11 de agosto de 2014. Tan lejos…tan cerca, como la canción del grupo irlandés U2, esa es la sensación que muchos sentimos cuando nos hablan de la Antártica. Ella nos atrae, nos fascina y obsesiona. Punta Arenas está más cerca de ese territorio (1.240 km) que de Santiago (2.197 km), y, sin embargo, aún no la asimilamos, no la hacemos parte de nuestro imaginario. Los científicos de una veintena de países que pasan por nuestra ciudad nos ven más antárticos que nosotros mismos. Otras ciudades mucho más alejadas del Continente Blanco (Christchurch, Nueva Zelandia, a 2.360 km, y Hobart, Australia, a 2.250) reclaman el derecho de llamarse la ciudad más antártica de todas. Ellas han invertido para transformar sus puertos aéreos y navales en plataformas de servicios científico-logísticos, poseen museos (http://www.iceberg.co.nz) y centros de investigación (www.imas.utas.edu.au) que aproximan a la Antártica a su población y a los turistas que no puedan llegar allá. Han visto en la ciencia un camino para el desarrollo… y, sin embargo, por esas localidades no pasan la mayoría de los países que desarrollan investigación antártica, menos se encuentran dentro del área denominada subantártica, y dependen en menor grado que nuestra región, de los cambios a los cuales está sometido el Sexto Continente.

Todos los diagnósticos han visto nuestra relación con la Antártica como una brecha, pero yo lo veo como una oportunidad. Estar tan cerca de esa geografía, que casi a diario sentimos su aliento, evoca las razones que trajeron a nuestra ciudad a los expedicionarios polares como Gerlache, Shackleton y Amundsen, entre otros, huellas que suenan como un eco que hemos olvidado. ¡Pero que comenzamos a recordar! Nuestra relación romántica con ese austral continente se está transformando en algo serio, algo así como ponerse de novios.

Hoy empezamos a mostrar al mundo que podemos realizar ciencia de calidad, para contestar las grandes preguntas sobre el futuro de la humanidad. Y ya comenzamos a ver los resultados de nuestro crecimiento: investigamos compuestos anticancerígenos y anti UV que han comenzado a ser decodificados a partir de pequeñas muestras de organismos antárticos, esto es de gran interés para la industria farmacéutica. También hemos emprendido estudios de microorganismos capaces de detoxificar el ambiente, de transformar alimentos o de protegerlos de otros organismos patógenos, e incluso generar celdas solares. Y no es todo, actualmente sabemos más de nuestra historia común con la Antártica, hace 68 millones de años, dinosaurios patagónicos cruzaron por un puente terrestre hacia allá, mientras los primeros ancestros de los bosques australes de Chile vinieron a colonizar estas tierras. Esto es un insumo para el turismo de intereses especiales.

Además, recientemente hemos descubierto que las muchas poblaciones de organismos magallánicos se encuentran estrechamente emparentados con organismos polares, más allá de lo pronosticado en el pasado. Y ahora conocemos que la península Antártica se está calentando más rápido que el resto del planeta, y de estos cambios comenzamos a entender cuán en jaque está la vida tal como hoy la observamos.

La vocación polar de nuestro país nace, sin duda, de la cercanía que tenemos con dicho continente. Pero esto es sólo un punto de partida. El desafío siguiente es asegurar que sea algo significativo para los ciudadanos de nuestra región, el país y el planeta. La reciente decisión presidencial de convertir a Punta Arenas en un nodo antártico de ciencia y logística nos dice que vamos por buen camino. La experiencia dicta que las ciudades que han invertido en mejorar su infraestructura y servicios, creado centros de investigación de excelencia con espacios museográficos de clase mundial, han sentado las bases para actividades que trascienden el romántico sueño antártico, generando nuevos caminos al desarrollo económico. Clave será comprender el poder transformador del conocimiento, al tomar decisiones más informadas y acertadas para enfrentar el cambiante futuro.

Por Marcelo Leppe Cartes, Dr. en Ciencias, Jefe del Departamento Científico del INACH.