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Ciencia, empresa y capital humano avanzado en Magallanes

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Publicado
25 de ago del 2014

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opinión prensa

Rodrigo-Lopez

Punta Arenas, 25 de agosto de 2014. Nuestro país, al igual que Argentina y Brasil, se encuentra en la denominada “trampa del ingreso medio”, que afecta a naciones que están ad portas de transformarse en economías avanzadas, es decir, cuyo Poder de Paridad Adquisitivo (PPA) está por sobre los 22 mil dólares per cápita al año. Este salto económico puede tomar décadas o simplemente no suceder y, en cambio, llegar a un punto de retroceso. Los países que han logrado sortear esta trampa lo han hecho por medio de optimizar sus procesos productivos, generando innovaciones en su industria, creando tecnologías acorde a las necesidades de su producción y dando valor agregado a sus bienes y servicios.

La idea de la “trampa del ingreso medio” se puede aplicar a la economía tanto del país como de las regiones. En el caso de Magallanes, su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) se ha mantenido en torno al 1 ó 2 % del total nacional por más de una década, siendo solo superior a la contribución de las regiones de Arica y Parinacota y Aisén.

Nuestra región, si bien posee recursos renovables y no renovables, atractivos turísticos, laboratorios naturales y una posición geoestratégica privilegiada, podría desarrollarse mucho más si a lo anterior le agregamos políticas y acciones para atraer y generar recurso humano avanzado, especialmente, en ciencia y tecnología (RHCT).

A nivel mundial, por ejemplo, la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelandia, ha consolidado su posición como puerta de entrada a la Antártica mediante la innovación constante de su oferta de bienes y servicios en torno al apoyo logístico a los programas polares de otros países; a la formación académica con una mirada global y al desarrollo del turismo como industria subantártica. La estrategia tiene como eje central que tanto ciudadanos como visitantes vivan una experiencia antártica a través de diversas actividades, teniendo como ícono el Centro Internacional Antártico.

Lo anterior ha permitido que ostenten una identidad polar reconocida a nivel internacional, que se ve reflejada en el impacto del sector en la economía local. Según un estudio de la Universidad de Lincoln de ese país, el año pasado el conjunto de actividades relativas al Continente Blanco dejó una contribución de US$ 86,5 millones a la economía de la ciudad.

En este escenario, para la Región de Magallanes es clave la creación de un centro de investigación de calidad mundial,  que genere RHCT e interactúe con los sectores productivos,  transformándose en polo de desarrollo económico y cultural. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD), en su último informe para Chile, ratifica lo anterior, indicando que la colaboración entre la industria y la ciencia resulta fundamental para la innovación.

A nivel nacional existen herramientas para fortalecer estos vínculos. La Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) y la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) han desarrollado líneas de apoyo para atraer RHCT a la academia y a la industria. Lamentablemente a nivel regional, entre los años 2009 al 2013, solo se ha aprobado un proyecto con este espíritu.

Sin embargo, hay nuevas señales. La atracción de capital humano avanzado en la región ha encontrado respaldo en el Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas de Magallanes, implementado por el Gobierno. El Centro Docente Asistencial en Biomedicina de la UMAG, el diseño y construcción del Centro Antártico Internacional y la formación de la Comisión Regional de Ciencia, Tecnología e Innovación del GORE, apuntan a resolver esta carencia.

El desafío ahora es fortalecer la relación entre la ciencia, la industria, el Estado y la comunidad,  para generar plataformas de comunicación y vinculación de estos sectores, diversificando nuestra fuerza laboral en los campos de la ciencia e innovación, incorporando investigadores a nuestras empresas para que aporten en la generación de valor agregado a sus procesos y productos. Esto debería generar un círculo virtuoso que estimule la atracción e instalación de inversiones tecnológicas y permita el avance en investigación aplicada en áreas estratégicas para el desarrollo económico regional.

El estrecho de Magallanes hizo que Punta Arenas haya sido la capital de la Patagonia. Hoy podemos retomar ese camino, incorporando la lógica de la sociedad del conocimiento, donde la ciencia y la tecnología ocupan un lugar de privilegio en el presente y futuro de los países.

¡Qué duda cabe!, sería un motor de cambio para salir de la “trampa del ingreso medio”.

Por Rodrigo López Lobos, MBA, Bioquímico
Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (INACH)