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Cooperación internacional: un camino necesario para el desarrollo antártico

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Publicado
8 de sep del 2014

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Por Marcelo González Aravena, doctor en Ciencias
Departamento Científico, Instituto Antártico Chileno


El trabajo científico en la Antártica tiene una característica intrínseca a la ciencia: la cooperación. Este distintivo es cada vez mayor en la investigación polar moderna tanto a nivel nacional como internacional. Hoy no se puede imaginar un avance cualitativo en el conocimiento sin la ayuda de científicos de diferentes regiones y países que complementan desde sus respectivas disciplinas el estudio y compresión de un fenómeno. La complejidad de las preguntas, la competencia intelectual y la necesidad de maximizar los recursos humanos y técnicos, han hecho que colaborar sea incluso parte de una estrategia de financiamiento.

Existen ejemplos notables en la Antártica. Son muchos los casos donde las naciones difícilmente podrían haber abordado una pregunta global por sus propios medios sin compartir científicos y logística. Hace unos días se dio a conocer el primer “Atlas Biogeográfico del océano Austral”, donde decenas de investigadores de los países antárticos colectaron datos durante 10 años en el marco del Censo de la Vida Marina Antártica. Ha sido calificado como de un valor incalculable para el avance del conocimiento científico de las zonas marinas polares.
Los grandes programas asociados a la perforación del fondo marino antártico, a la excavación de la capa de hielo o a los observatorios astronómicos, suelen ser muy costosos. Estas grandes iniciativas son promovidas por varios países (tres, cuatro y más) que al final de la historia comparten la información y se benefician de su desarrollo científico y tecnológico.

Otro ejemplo de colaboración, cada vez más común, es compartir instalaciones, bases y medios de transporte. Esto se da en la base Concordia (Francia e Italia), en el laboratorio Dallmann (Argentina y Alemania) de la base Carlini y en el nuevo laboratorio Dirck Gerritsz (Gran Bretaña y Holanda) en la base Rothera.

Chile no tiene bases integradas con otros países bajo esta modalidad, pero cabe recordar que en estos últimos 10 años ha existido un incremento notable de la colaboración internacional respecto de la ciencia que el país hace en la Antártica.
Cada temporada los investigadores polares chilenos suman más colaboradores extranjeros, destacándose principalmente Estados Unidos (12 %), Alemania (11 %), España (11 %), Inglaterra (11 %) y Francia (7 %). Juntos representan más del 40% del número total de proyectos del programa antártico nacional. Quizás es hora de hacernos la pregunta sobre si debemos evaluar en el futuro administrar una base de carácter internacional. Queda la pregunta abierta.

En términos de producción científica, los países asiáticos se caracterizan, en general, por originar una enorme cantidad de datos que constituyen el sólido cimiento sobre el que se construye la ciencia. Los europeos son más proclives a colaborar en la formación de redes internacionales. Los norteamericanos son más autónomos. En el caso de los países latinoamericanos, la idea de colaboración y formación de redes no es habitual.

En el marco de la última Conferencia Abierta del Comité Científico de Investigaciones Antárticas (SCAR, su sigla en inglés) que se realizó este mes en Nueva Zelandia, resultó motivante ver cómo nuestro país aportó junto con Brasil una de las mayores delegaciones de Latinoamérica. Más satisfactorio fue constatar que nuestros científicos han sido capaces de establecer redes con otros investigadores.

Es fundamental continuar fortaleciendo nuestras redes como programa. El INACH ha asumido un rol de liderazgo organizando reuniones paralelas con países asiáticos como China, Corea y Malasia durante este congreso internacional. Buscamos contactar a científicos y ver qué actividades podemos realizar en conjunto con el objetivo de compartir equipos, infraestructura y financiamiento asociado a las investigaciones. Además, esto ayuda a disminuir el impacto de las actividades humanas en ese territorio y evita que algunas exploraciones se dupliquen. Actualmente, la cooperación con países del Asia-Pacífico representa solo el 11 % del total de proyectos de nuestro programa científico antártico.

¿Qué ganaríamos aumentando la colaboración en esta parte del mundo? Acceso a infraestructura que nuestro país no tiene, como, por ejemplo, un rompehielos con equipamiento científico de punta; intercambiar investigadores y estudiantes; y posibilitaría una mayor cobertura geográfica, haciendo un uso más eficiente de los recursos.

Creemos que nuestro país está en la senda correcta. Mirar hacia el Asia-Pacífico puede ser una estrategia adecuada que potencie nuestro desarrollo científico en la Antártica. Este escenario es especialmente propicio hoy, ad portas de concretar el Centro Antártico Internacional, donde la cooperación con otros países será un eje transcendental para abordar los desafíos futuros relacionados con el territorio polar.