Instituto Antártico Chileno

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¿Qué nos falta para ser “la” puerta de entrada a la Antártica?

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Publicado
22 de sep del 2014

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Por César Cárdenas, doctor en Biología Marina
Departamento Científico, Instituto Antártico Chileno

La Antártica, la ciencia y el cambio global están cada vez más presentes en la opinión pública. A diario vemos a personalidades regionales discutiendo en los medios de comunicación sobre este tema, muchas veces haciendo referencia a nuestro papel como “puerta de entrada” al Continente Blanco. Sin embargo, me pregunto: ¿podemos realmente atribuirnos ese cartel?

Si me hubiesen encuestado hace unos años, mi respuesta sería un rotundo ¡no! Crecí en Punta Arenas, una ciudad que, por su diseño y actitud, le había dado la espalda a sus aguas, no explotaba a cabalidad su privilegiada posición geográfica respecto a ese territorio ni menos reconocía su rico patrimonio polar.

Esta situación la vi más clara luego de haber realizado estudios de postgrado en Nueva Zelandia, país en donde está Christchurch (43° S), denominada la “puerta de entrada oficial a la Antártica”. Haga el ejercicio de buscar en google la frase “official gateway to Antarctica” y verá que la mayoría de los resultados apuntan al mismo lugar: la capital de la provincia de Canterbury. Repita la búsqueda, pero ahora con la capital de Magallanes y encontrará mucha menos información.

La experiencia kiwi (apodo usado comúnmente para los habitantes de Nueva Zelandia) nos entrega un excelente ejemplo de cómo aprovechar nuestra posición geográfica para desarrollar de mejor manera la industria científica-logística antártica. Es importante subrayar que si bien Christchurch tiene más habitantes que Punta Arenas (unos 360 mil aproximadamente), Nueva Zelandia es un bastante más pequeño que Chile, ya que solo posee 4.4 millones de habitantes.

Christchurch (ubicada a la altura de Chiloé) y el pequeño poblado de Lyttelton, puerto desde donde partieron importantes expediciones de la época heroica de la exploración antártica, han sido desarrolladas en torno a la industria polar. Anualmente el negocio aporta a la región cifras superiores a los US$85 millones. La misma página web de la alcaldía (www.ccc.govt.nz) resalta cómo la conexión de la región con el continente austral enriquece su oferta educativa y el quehacer científico, cultural, turístico y económico. Además, se entrega una lista de servicios y actividades, e incluso un detalle de los cuatro programas antárticos (Italia, Corea del Sur, Estados Unidos y Nueva Zelandia) que tienen como base a Nueva Zelandia. La propia Universidad de Canterbury posee programas de doctorado y magíster que generan conocimiento y aportan divisas a la ciudad, a través de los estudiantes que llegan de diversas latitudes. De esta forma esta zona del mundo se ha transformado completamente para responder a las necesidades de los científicos, exploradores y turistas en su paso hacia el sur del mundo.

Gestiones como la construcción de la primera nave de investigación (Karpuj) del Instituto Antártico Chileno (INACH); la inauguración de la Estación Polar Científica Conjunta “Glaciar Unión” cerca del Polo Sur; los mayores fondos de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica y la masiva postulación a la XI Feria Antártica Escolar; el Proyecto GAIA Antártica de la Universidad de Magallanes y el sello antártico de la Escuela Manuel Bulnes; el trabajo de las educadoras de la Junta Nacional de Jardines Infantiles y la publicación local de libros de cuentos para niños del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; la creación de la guía turística “Huellas Antárticas en Punta Arenas y el estrecho de Magallanes”, o los anuncios del Gobierno Regional en torno al Centro Internacional Antártico, son los cimientos sobre los cuales se construye nuestro rol como ciudad puerta de entrada al continente austral.

Vamos por buen camino. Desde el INACH hemos dado importantes pasos para cambiar nuestro estatus y el capital social de la región. Cada año son más los investigadores que usan nuestros puertos y aeropuertos. Chile ha triplicado el número de proyectos científicos en ese territorio en los últimos siete años. Existe interés creciente de los países por propiciar la cooperación internacional. Actualmente son 20 las naciones (incluido Chile) que operan en el sector de la península Antártica, 19 de los cuales tienen a Punta Arenas como ciudad base, abriendo nuevas oportunidades de desarrollo para el país y Magallanes.

Ahora es trascendente que otros actores de la sociedad, tanto públicos como privados, se sumen a la tarea de empujar este carro (o, mejor dicho en términos polares, trineo).

En ese sentido, la creación de entidades como “Antarctica New Zealand”, cuyo propósito es “inspirar a las personas para conectarlas con Antártica a través del conocimiento y la colaboración”, sería, sin lugar a duda, algo que podríamos replicar. Una entidad como esa podría ayudarnos a dar ese paso cualitativo para actuar de manera coordinada desde la ciudadanía, academia, los negocios y el mundo de las artes y, de esta manera, transformarnos verdaderamente en “la” puerta de entrada de la Antártica.

Aún nos falta camino por recorrer, pero se está avanzando. Observo con gran expectación lo que está por venir. Espero que también ustedes compartan este entusiasmo.