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La “alfabetización antártica” es responsabilidad de Magallanes

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Publicado
21 de oct del 2014

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Desde hace más de una década, organismos internacionales como la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) o la UNESCO recomiendan a los países promover lo que han denominado la “alfabetización científica” en la ciudadanía.

El concepto intenta ilustrar que el rol de la lectoescritura como una función clave en el siglo XX para el desarrollo social, ha sido desplazado por la habilidad para interpretar información científica en el siglo XXI, que permite enfrentar las decisiones cotidianas en una sociedad muy dependiente de la tecnología. Es lo que podríamos llamar la irrupción de una “cultura científica”.

Cuando se menciona la palabra “cultura”, la mayoría de las personas piensa en las artes o en los modos de vida de algún grupo étnico. En cambio, conocer los aportes de Newton o diferenciar entre la clonación de un ser vivo y el mejoramiento genético, parecen más bien materias ajenas a lo cotidiano y sin importancia para la formación de un ciudadano “culto”.

Sin embargo, la evidencia internacional muestra que mientras mayor sea la apropiación del conocimiento científico y tecnológico por parte de la población de un país, aumentan las oportunidades de progreso de una comunidad.

En Chile la percepción, comprensión y valoración ciudadana de la ciencia y tecnología es todavía insuficiente y se requieren en forma urgente iniciativas para corregirlas. Los análisis de estudios comparativos de nuestro país, en el contexto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), nos han planteado en varias ocasiones que si no aumentamos la inversión pública en ciencia, tecnología e innovación, y no promueve una cultura científica, las posibilidades de alcanzar niveles de desarrollo disminuyen considerablemente. ¡Y cada vez estamos más atrasados!

Aclaro que la solución no solo pasa por aumentar el presupuesto en educación (por cierto, hay que hacerlo), sino que es necesario un esfuerzo más amplio y complejo comprometiendo a la sociedad en su conjunto. Públicos y privados, jóvenes y adultos, empresarios y líderes sociales.

Una señal que puede ser clave en ese sentido es el reciente anuncio de una fuerte inversión del Estado en la Región de Magallanes, con el fin de construir un Centro Antártico Internacional.

Este proyecto contempla consolidar un polo científico de colaboración internacional junto a un Centro Interactivo Antártico, cuya misión es precisamente desarrollar una cultura científica a partir de la investigación que se lleva a cabo en el Territorio Chileno Antártico y en la Patagonia.

Esto no es casualidad o producto del azar. Se sustenta en la actual producción de la ciencia antártica nacional, que es casi siete veces lo que era hace 10 años. La temporada 2014-2015, el INACH apoyará a 76 proyectos de investigación. En total, 20 países usarán a Punta Arenas como puerta de entrada al Continente Blanco. Esto ha sido reconocido internacionalmente.

Estos resultados no solo deben ser parte de un grupo de científicos, sino de la ciudadanía en su conjunto. El Centro Antártico Internacional deberá crear los espacios de participación y diálogo para formar en la comunidad la habilidad de interpretar la información científica polar. Tenemos una oportunidad única a nivel global de aprender (y aprehender) el conocimiento que se genera en ese territorio, para mejorar nuestra calidad de vida, generar nuevos polos de desarrollo económico y aportar a la construcción de una sociedad más “culta”.

Los magallánicos pueden transformarse en los fieles guardianes de ese patrimonio (material y simbólico) y de los valores antárticos.

Hoy más que nunca, esta frase toma sentido: a nivel global, la “alfabetización antártica” es nuestra responsabilidad.

Por Edgardo Vega, doctor en Ciencias Biológicas, Subdirector Nacional, Instituto Antártico Chileno