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“Queremos que cada vez más chilenos puedan hacer investigación en la Antártica”

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Publicado
20 de oct del 2014

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Casi 11 años de la vida del magallánico José Retamales Espinoza han girado en torno a la Antártica. Así parece quedar reflejado en las paredes de su oficina, adornadas con diferentes mapas del Continente Blanco, desde Patriot Hills hasta las islas Elefante y Joinville, lugares históricos vinculados a las travesías de Sir Ernest Shackleton y del capitán D’Urville. También hay lugar para un mapa topográfico de la Región de Magallanes y la Antártica Chilena, a través de la cual operan actualmente 20 de los 29 países con programas científicos antárticos, lo que en parte es resultado de la gestión que desarrolla el Instituto Antártico Chileno (INACH), dirigido por Retamales desde diciembre del 2003.

Sin embargo, el vínculo de este profesor de Ingeniería Química de la Universidad de Magallanes, doctorado en Inglaterra, con la Antártica se remonta a los días en que fuera rector de esa casa de estudios (1990-94). Fue entonces cuando creó el Centro Austral Antártico, como una forma de reforzar el vínculo de esta universidad en el territorio austral. Al cumplirse 11 años del traslado de su sede nacional a esta ciudad, él hace una revisión de este “proceso sostenido de cambios para mejorar la ciencia de Chile en la Antártica”.

“Lo que causa más impacto en la comunidad internacional son las cifras de crecimiento que ha tenido nuestro programa, donde se han multiplicado por 30 la cantidad de recursos que se transfieren a los científicos chilenos para hacer investigación antártica”, recalca.

En la actualidad, Chile posee un Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN) consolidado, con seis líneas de investigación, ocho concursos con cinco fondos de financiamiento (INACH, PIA, Fondecyt, Fondef, Innova) abiertos y transparentes para la investigación de pre y postgrado, y con una comunidad científica que está en aumento.

“Fue un proceso paulatino que apuntó, en primer lugar, a potenciar el desarrollo de concursos públicos. Desde entonces, han ido surgiendo proyectos a partir de lo que el concurso dictamina, que son seleccionados con evaluaciones externas, de pares nacionales e internacionales, sobre la calidad y la pertinencia de las propuestas que recibimos”, recuerda Retamales.

Todo ello ha significado que actualmente 76 proyectos estén asociados al PROCIEN, más de tres veces lo que se apoyaba hace cinco años. Por otro lado, como indicador de la calidad de la ciencia polar chilena, las publicaciones ISI relacionadas el programa del INACH son alrededor de 40 cada año desde el 2012, lo que representa un significativo aumento en relación al periodo anterior.

Más recursos

En el rápido crecimiento de este programa resultó fundamental, afirma la autoridad del INACH, “que cambiamos la metodología
de decisión y cómo se distribuyen los recursos. Teníamos un programa nacional que disponía de 43 a 47 millones de pesos (USD 75.000 aprox.) para distribuir en el sistema universitario de CyT de Chile. Obviamente esos recursos eran insuficientes. Con los estándares que hoy tenemos, solo se hubiera podido financiar tres proyectos”.

Por ello, se enfocó el trabajo en atraer nuevos fondos a través
de asociaciones con instituciones nacionales, jugando un rol clave
la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de
Chile (Conicyt). “Lo que hicimos fue acercarnos a los diferentes programas de Conicyt y proponer asociaciones en las que INACH financia la logística, mientras ellos financian la transferencia
de recursos para que el investigador trabaje durante el año”, explica Retamales.

A partir del 2005, el INACH firma convenios con los Programas
de Investigación Asociativa (PIA) y el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), financia logística de proyectos del Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef) y de Inserción de Capital Humano, todos ellos de Conicyt, y postula proyectos al programa InnovaChile, de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo).

Como resultado, se han sextuplicado los fondos disponibles para la ciencia antártica, pasando de USD 700.000 el 2004 a más de USD 4 millones actualmente, sumando las transferencias a los científicos con el financiamiento logístico del trabajo en terreno. Sumando a esto el presupuesto de INACH, se llega a los 4500 millones de pesos de inversión nacional anual en ciencia antártica (unos  USD 7.6 millones).

Retamales destaca también que “por primera vez en la historia del país tenemos cuatro proyectos en el programa de Anillos de Investigación Antártica trabajando al mismo tiempo. Es muy sustantivo el que estos proyectos han logrado duplicar su valor: hoy alcanzan USD 900.000 totales por 3 años (USD 300.000, anuales)”.

Nuevos horizontes

A unos 2.300 kilómetros al sur de Punta Arenas y a 1.080 del polo sur, en el sector del glaciar Unión (80º latitud sur), Chile trasladó una base científica que tenía en un punto relativamente cercano. ¿El desafío? A juicio de la autoridad del INACH, “queremos seguir creciendo con acciones que nos permitan acceder a nuevos espacios para la ciencia”. Esto explica también el interés de reactivar, en convenio con la Fuerza Aérea de Chile, la estación “Teniente Luis Carvajal”, en el extremo sur de la isla Adelaida.

En los últimos dos años, en inéditas travesías al sur del paralelo 66º que señala el círculo polar antártico, varios proyectos científicos nacionales que trabajan en las áreas de microbiología, ecología, ecofisiología, oceanografía física y estudios de calentamiento global y evolución del clima, realizaron actividades de exploración y muestreo en el sector de la bahía Margarita, abriendo un nuevo horizonte para los investigadores.

“Hemos tenido un importante avance en materia de infraestructura. En el cabo Shirreff, por ejemplo, teníamos algo muy precario, por lo que se construyó un módulo con un molino eólico. Gracias a convenios con la Armada de Chile, se construyó un laboratorio en la base Prat, isla Greenwich, y se ha podido disponer de buques para campañas conjuntas Armada-INACH. En convenio con el Ejército de Chile se acondicionó además un laboratorio en la base O’Higgins, en la península Antártica. De esta manera, se empieza a aumentar el número de bases donde pueden trabajar los investigadores, lo que amplía las posibilidades de investigación en terreno”, acota.

Sin duda, uno de los mayores hitos del mejoramiento de la infraestructura antártica chilena corresponde a la ampliación en 600 m2 de la base científica “Profesor Julio Escudero”, en la península Fildes, isla Rey Jorge, que significó una inversión total de 1,5 millones de dólares.

La base tuvo inicialmente una capacidad para 12 personas, pero con las nuevas instalaciones puede hoy alojar a 36 y, en casos de emergencia, puede cobijar hasta 60 personas. Los laboratorios de ciencias biológicas y naturales se han ampliado e incluyen hoy una biblioteca, una sala de lectura y una de conferencias. De igual modo, se habilitaron más espacios para los laboratorios de microbiología. En tanto, en los zócalos de la base se habilitó un laboratorio húmedo para estudios de biología marina.

Asimismo, a fines de año se inaugurará la primera lancha científica polar chilena denominada RS “Karpuj”, que permitirá el desarrollo de proyectos oceanográficos, una línea de investigación largamente postergada en Chile por la falta de infraestructura.

Cooperación internacional

Durante la gestión del Dr. Retamales, el instituto polar nacional ha desplegado diversas acciones para propiciar una mayor colaboración internacional. Solo durante el año pasado, el INACH firmó convenios con instituciones
en Bélgica, Polonia y Japón. Desde el 2010, se han firmado además convenios con instituciones de China, Ecuador, Brasil, Austria, Corea del Sur y el Reino Unido y Malasia.

“Tenemos dos estrategias. La primera de ellas se basa en el concepto de que tienen más posibilidades de ganar aquellos proyectos que muestren cooperación internacional. Esta colaboración se puede concretar, ya sea como recursos comprometidos para trabajo en terreno, pasantías de investigadores en otros países o la posibilidad de hacer análisis, que no pueden ser realizados en Chile, en laboratorios extranjeros. A través de esta estrategia bottom-up se incentiva al investigador nacional a asociarse con un par extranjero, indicando cómo empleará los recursos”, puntualiza el director nacional del INACH.

Dice que ahora están implementando una estrategia top-down,
a través de la cual el INACH establece vínculos con otros programas para construir alianzas. Esto quiere decir que si un país financia una propuesta que incorpore a investigadores chilenos en el grupo de trabajo, entonces nuestro país financiará la logística que necesite
el proyecto.

Retamales reconoce que “recibimos invitaciones de otros países para conocer nuestra experiencia, nuestras estrategias. El INACH entrega en todas las reuniones internacionales amplia información, en inglés y español, sobre el Programa Científico Antártico Nacional. Todos saben cómo funciona Chile y qué es lo que hay que hacer para cooperar con nuestro país”, finaliza.

Su nuevo desafío, el Centro Antártico Internacional, que es parte del Plan Especial de Zonas Extremas para la Región de Magallanes y Antártica Chilena, que la Presidenta de la República Michelle Bachelet presentó a la comunidad este año en junio.

Departamento de Comunicaciones y Educación
Instituto Antártico Chileno