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Divulgar, una prioridad para enriquecer nuestra cultura

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Publicado
27 de oct del 2014

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Por Paulina Rojas, bióloga
Departamento de Comunicaciones y Educación
Instituto Antártico Chileno

Este breve escrito nace a partir de mis reflexiones sobre lo visto en la televisión y en las redes sociales. Noticias que discuten sobre el rol de educar en nuestra sociedad. Muchas veces me he preguntado cuál es la profesión más importante en este ámbito. No hay duda de que los profesores cumplen un papel muy significativo, pero por la complejidad del tejido social, el avance de la tecnología, la sobrexposición a la información, entre otros factores, hoy esta labor debe ser parte de muchas otras profesiones.

Esto me llevó a pensar en un quehacer muy poco reconocido y en plena construcción de su identidad. Me refiero a los divulgadores de la ciencia y la tecnología en Chile.

La creciente dependencia de las sociedades modernas al avance de la ciencia y la tecnología, exige no solo asegurar la próxima generación de investigadores; también requiere hacer comprensibles los conceptos a todos los miembros de la comunidad. Aunque ello depende en forma directa de la calidad de la instrucción recibida a nivel escolar y la oportunidad de acceso al conocimiento a través de experiencias significativas, es clave hacer que la ciencia sea cotidiana para toda la población. Es decir, que surja la cultura científica, enriqueciendo con naturalidad los espacios públicos y acciones colectivas.

Los divulgadores son profesionales de diferentes áreas, con heterogéneas visiones y objetivos. Hay una línea de pensamiento que declara añeja la discusión sobre de quién es el rol o cuál es el perfil de un profesional de la divulgación. Mi experiencia dice que falta camino por recorrer y reflexionar, sobre todo con respecto a cómo evaluar el proceso e investigar su impacto.

En este quehacer confluimos individuos muy diferentes, con intereses personales o institucionales, algunos bien apegados al sentido de comunidad y ciudadanía (otros no tanto, como pasa en todas las profesiones ligadas a lo público). Lo cierto es que la divulgación de la ciencia y la tecnología es una ocupación bastante nueva en Chile y, por lo mismo, aún queda mucho por discutir. Todavía es una actividad secundaria de profesionales con formación científica o de otras áreas. Pocos se presentan “soy divulgador de la ciencia”. Eso debe cambiar y me aventuro a soñar que sea pronto. Esto puede ser otro reto país para sumarlo a la lista de reflexiones colectivas pendientes.

En abril de 2015 se llevará a cabo en Punta Arenas el Tercer Encuentro Nacional de Divulgadores de Ciencia y Tecnología (www.divulgadoresciencia.cl), que reunirá a profesionales, investigadores, académicos, estudiantes de instituciones públicas y privadas, chilenas y extranjeras, que trabajan en el país acciones, actividades y/o investigación en torno a la divulgación y valoración de la ciencia.

Los objetivos son múltiples y de corto y mediano plazo. Socializar estrategias, generar sinergia con otros profesionales, advertir el futuro de la divulgación en Chile y, lo más importante, sentar las bases para la conformación de la primera comunidad nacional de divulgadores científicos.

Organizar este evento en Punta Arenas no es mera casualidad. Soy testigo de los esfuerzos de Punta Arenas por convertirse en un verdadero polo científico de calidad mundial. Los anuncios del gobierno en materia científica, que son parte del Plan de Zonas Extremas, como la construcción del Centro Antártico Internacional, hacen urgente sentar las bases para dar a conocer el impacto de la ciencia, las ventajas comparativas de nuestro territorio para su desarrollo y los beneficios de ello.

Esta será una oportunidad para Magallanes en varios sentidos, especialmente debiera ser la ocasión de fundar redes para dar a conocer al resto del país lo que tenemos en nuestro laboratorio natural, tanto en la Patagonia como en la península Antártica.

Mucho se dice de la necesidad de atraer, retener y generar capital humano avanzado en el área de las ciencias. Pero antes de formar personas, hay que encantarlas, en la escuela, en la televisión, en la calle, ¡en todas partes! Son los divulgadores de la ciencia los llamados a diseñar e idear métodos, desarrollar lenguajes, formas atractivas y comprensibles para toda la gente.

En este escenario, ¿de quién es el rol de educar? Depende desde qué lugar lo imaginemos.