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Cerebro, manos y corazón: piezas claves de la vocación polar chilena

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Publicado
3 de nov del 2014

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Por Elías Barticevic, periodista
Departamento de Comunicaciones y Educación
Instituto Antártico Chileno

Mis profesores la tenían clara. Recuerdo especialmente a Raúl Sánchez, Eliecer Bahamóndez (1927-2014) y Norma Aqueveque, actores silenciosos de la educación chilena en el Instituto Don Bosco de Punta Arenas, allá en la década de los ’80. Sabían que yo era un alumno “especial” con hiperactividad y déficit atencional, lo cual no me permitía avanzar en el aula todo lo que potencialmente debía. Para solucionar la dificultad, aplicaron lo que hoy se conoce como los fundamentos científicos (neurobiológicos) del aprendizaje, ayudándome a usar el cerebro, empleando mis manos y despertando mi corazón.

Cada uno utilizó estrategias diferentes, pero que confluían en un modelo pedagógico que entendía que el aprendizaje es mucho más complejo que la memoria y el simple traspaso de información. Sánchez lo hizo a través del teatro y colocándome como presidente de curso; eso obligaba a leer, tener disciplina y asumir un liderazgo. Luego, Bahamóndez tomó la posta despertándome el amor por el conocimiento, relatando sus aventuras al recorrer la Patagonia y dándome tareas para investigar y describir la historia de nuestra propia civilización. Por su parte, la profesora Aqueveque asumió la labor incentivándome a descubrir los tesoros de la biblioteca. Mientras cumplía en las tardes con un “castigo” por mi mal comportamiento, hacía que leyera historietas de Moby Dick o los cuentos de Julio Verne, que despertaban mis emociones e imaginación.

Hoy sabemos, gracias a la neurociencia, que el cerebro, las manos y el corazón, son las herramientas básicas para desencadenar cualquier proceso de aprendizaje y de educación pública. El cerebro es el motor del desarrollo intelectual, las manos son el aprender haciendo y el corazón representa las emociones que despiertan las experiencias significativas, proporcionando afecto a las enseñanzas.

Estos mismos principios los hemos usado para despertar la vocación científica antártica a nivel escolar. Esta semana llegan a nuestra ciudad 26 delegaciones de 16 comunas del país para dar vida a la XI Feria Antártica Escolar. En la etapa de postulación se recibieron 159 trabajos, participando 335 alumnos y 120 profesores de enseñanza media de todo el país, desde Arica a Puerto Williams. No hay otra feria científica temática que tenga estas cifras en Chile.

En estos 11 años, con el compromiso de las universidades chilenas, el Programa Explora, de Conicyt, y la propia comunidad científica antártica, hemos construido una plataforma para desarrollar las capacidades intelectuales de nuestros jóvenes, logrando que experimenten en el laboratorio y creando las condiciones para que vivan experiencias de vida tanto en Punta Arenas como en la Antártica. Todo con el fin de despertar la vocación científica o, a lo menos, se formen como ciudadanos más conscientes de nuestro espíritu polar.

Al igual que mis profesores, nuestro objetivo como Instituto Antártico Chileno (INACH) ha sido organizar la percepción de los estudiantes para que se “apropien” del conocimiento científico y así colaborar a que ellos desarrollen, a través de la investigación y la Antártica, la mejor versión de sí mismos. Obviamente, esto es más que ser un organismo del Estado que favorece la investigación científica nacional. Lo hacemos desde el convencimiento de que el fin último del INACH va más allá de la simple exploración de un territorio, sino que tiene sentido en función de hacerlo para el desarrollo de los ciudadanos.

Tuve la suerte de encontrarme con profesores y grandes personas. Intuyo que Sánchez, Bahamóndez y Aqueveque sabían que no aprendemos de una sola manera, que todo en la vida es una oportunidad para desarrollar el conocimiento y que no da lo mismo si esto no se hace con cariño hacia la educación.

Espero que muchos visiten la Feria Antártica Escolar este jueves (Día de la Antártica Chilena) y viernes en el gimnasio del Liceo María Auxiliadora, entre las 09.00 y las 12.30 horas. Es una ocasión especial para conocer la diversidad de temas que se expondrán (desde el cambio climático a la astronomía) y llevar a cabo el acto tan humano de familiarizarse con las historias, motivaciones y experiencias de vida detrás de cada uno de los que presentan.

A ver si algo sacamos en limpio, justo en estos tiempos en los que la palabra educación está tan cuestionada.