Instituto Antártico Chileno

FOTO 2- Elias BARTICEVIC

Personajes, anécdotas e imágenes de un viaje por las islas Shetland del Sur

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Publicado
3 de feb del 2015

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Portada prensa

Viajamos junto a científicos, fotógrafos, periodistas y marinos hacia las islas Shetland del Sur. Todos somos parte de la 51.ª Expedición Científica Antártica del Instituto Antártico Chileno (INACH). Cada uno a su modo, cumple un sueño, goza e intenta capturar un pedacito de los secretos de este hermoso y extremo territorio. Los periodistas escudriñan por buenas historias y anécdotas; los investigadores toman muestras biológicas, de hielo y de sedimento con la esperanza de descubrir un nuevo avance para la ciencia; y los fotógrafos capturan la poesía del lugar y las acciones.

Las islas Shetland del Sur son un archipiélago situado a unos 120 km de las costas de la península Antártica, entre el paso Drake por el norte y el estrecho de Bransfield por el sur. En el trayecto uno nunca deja de sorprenderse, es mucho más que el paisaje, que, por cierto, es abrumador. Las historias de vida, anhelos y experiencia de cada personaje de la expedición, son la pimienta para la vida en el barco.

Foto 1- Thierry DUPRADOU  copiaFotografía Thierry Dupradou

El AP 41 “Aquiles” se ha convertido en el principal medio de transporte de carga y pasajeros de estas islas australes. Ha apoyado a los programas antárticos de Ecuador, Colombia, Perú, España, Bulgaria, China y Corea, además de Chile. El buque es una nave de transporte multipropósito, de aproximadamente 5 mil toneladas de desplazamiento, con capacidad de bodega de 40 contenedores de 20 pies.

Luego de 27 años, viaja a bordo su diseñador y constructor, el ingeniero arquitecto naval Sergio Ostornol, quien trabajó 31 años en la Armada. Emocionado ha contado cada uno de los detalles de la construcción del buque, que en su origen fue pensado como un rompehielos, pero, por presupuesto, terminó siendo un navío de carga. Fue construido en los astilleros de ASMAR en Talcahuano en los ochenta y es tan cómodo como puede ser una nave polar. Hoy cuenta con una tripulación de 105 personas entre oficiales y tripulantes (incluyendo a personal femenino) y tiene una autonomía de 10 mil millas náuticas. Es nuestra casa en estos días.

Más que una roca

FOTO 2- Elias BARTICEVICFotografía Elias Barticevic

Partimos desde bahía Fildes, en la isla Rey Jorge, pasamos a dejar investigadores a la rada Covadonga, en la base O’Higgins, para luego ir a la isla Decepción. En total, son 17 los proyectos que trabajan a bordo. En promedio bajan en cada punto geográfico unos 30 investigadores de diversas instituciones científicas de Chile, Corea, Inglaterra y China, con el fin de tomar muestras de microorganismos, plantas, insectos y rocas. Hoy el programa del INACH es internacional, abierto al mundo, especialmente en este lugar, donde la cooperación científica es pan de cada día.

FOTO 3- Joao BARBOSAFotografía Joao Barbosa

Un ejemplo son los geólogos Richard Spiking y Joaquín Bastías, de las universidades de Ginebra (Suiza) y de Chile, respectivamente, quienes toman muestras de roca para obtener información sobre su edad y la temperatura de la época en que se formaron. Para Joaquín una roca puede contener piezas claves del puzle de la evolución tectónica de Sudamérica y la península Antártica. “Se sabe que estuvieron unidos los continentes, pero no se conoce si estaban conectados al oeste o al este de la Patagonia. Nuestro interés es saber cómo y cuándo, y así ser un aporte a los estudios biogeográficos”, comenta Bastías.

Seguimos el viaje, las jornadas son largas y no hay días de descanso. No importa si es sábado o domingo, lo primordial es aprovechar las pocas horas de buen tiempo para hacer las maniobras en botes zodiac. Hay tres meteorólogos en el buque. Son claves en la programación diaria, ya que solo se puede desembarcar con un viento no mayor 20 nudos y eso ha sido menos frecuente de lo esperado.

Proteínas anticongelantes

FOTO 4- Joao BARBOSAFotografía Joao Barbosa

Uno de los lugares más paradisíacos que me ha tocado conocer en los últimos diez años, ha sido la península Coppermine, en la costa noroeste de la isla Robert. Las estructuras rocosas basálticas son majestuosas. Desde lo alto pudimos ver a lo lejos las islas Aitcho, en especialmente la isla Barrientos, que son parte del cuello de un edificio volcánico.

El fotógrafo e historiador de la Universidad de Brasilia, Joao Barbosa, da en el clavo al decir que “cada lugar merece un libro”. No sería fácil: han sido ocho en total los sitios visitados a lo largo de las 724 millas náuticas (1448 km) que hemos recorrido entre el 19 y el 26 de enero. Esto es como navegar entre Valparaíso y Punta Arenas, y un poco más.

FOTO 5- Elias BARTICEVICFotografía Elias Barticevic

Los pingüinos han acompañado en todo momento a los expedicionarios. Una pareja de barbijos (Pygoscelis antarctica) llamó mi atención. Parecían coquetear entre la nieve, sin importar nuestra presencia. Es la sal de la biología en su expresión más natural.

FOTO 6- Elias BARTICEVICFotografía Elias Barticevic

La posterior visita a punta Hanna, en la isla Livingston, nos tocó con lluvia. Seguimos a la Dra. Jenny Blamey, de la Fundación Biociencia, en su búsqueda de muestras de sedimentos, algas y hielos. Ella espera descubrir microorganismos que viven cómodamente a temperaturas bajo los cero grados Celsius (llamados sicrófilos). Estos logran sobrevivir gracias a su capacidad de generar proteínas anticongelantes. Su grupo tiene dos objetivos científicos: primero, tratar de entender los mecanismos de acción de estas proteínas en los microorganismos; y, segundo, ver las posibilidades de aplicación biotecnológica de estas propiedades. En el campo de la medicina este conocimiento puede ser muy importante, pues estas proteínas permiten, a baja temperatura, la mantención de tejidos biológicos sin daño alguno.

En la ruta nos sorprende la noticia de que Jenny ha sido nombrada como parte de la Comisión Ciencia para el Desarrollo de Chile. Sus hermosos ojos verdes se iluminan y dice: “Nunca pensé tener la oportunidad de venir a la Antártica. Este es uno de los sitios más relevantes para mi trabajo”. Pronto espera concretar la incorporación de uno de sus productos en un catálogo de la industria norteamericana, fruto de la ardua investigación que lleva a cabo su laboratorio en proteínas con propiedades fotoprotectoras contra la radiación solar.

Pensando en la agricultura

Algunos se asombran de encontrar vegetación en estas latitudes. Y es cierto, uno se pregunta cómo el pasto sobrevive bajo el hielo en el invierno sin posibilidades de hacer fotosíntesis o con poca disponibilidad de agua al estar congelada.

FOTO 7-Joao BARBOSAFotografía Joao Barbosa

El Dr. Rómulo Oses, del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas, de La Serena, ha cambiado las playas cálidas del norte del país por las frías aguas del océano Austral. Al igual que muchos de nosotros, desde muy pequeño se siente un aventurero, un explorador.

Está colectando muestras de la flora antártica, específicamente, del pasto antártico (Deschampsia antarctica) y del clavelito antártico (Colobanthus quitensis). Su interés se centra en investigar los hongos (endófitos) que viven al interior de las plantas tanto en las raíces como en las hojas. El propósito de su investigación fisiológica y bioquímica es comprender la adaptación de estas especies al clima extremo. “Entender cómo planta y hongo se adaptan al medio en conjunto nos permitirá proyectar potenciales aplicaciones en la agricultura en ambientes semiáridos o con poca disponibilidad de agua. Ese es mi sueño, convertir en tecnología o en nuevas prácticas este conocimiento”, agrega Oses.

La primera etapa de esta expedición marítima en el Aquiles ha terminado. Algunos llevan dos días esperando el avión desde Punta Arenas, para regresar a contar estas historias. Otros seguiremos a bordo, rumbo a bahía Paraíso al encuentro de nuevos relatos y anécdotas que escribir y fotografiar.

Por Elías Barticevic
Periodista