Instituto Antártico Chileno

gzuniga-1

Entrevista a Gustavo Zúñiga

Ud esta en: home > noticias > Entrevista a Gustavo Zúñiga
Publicado
18 de feb del 2015

Buscar por

Ciencia eca opinión prensa

  gzuniga-1
Dr. Gustavo Zúñiga en isla Ardley, uno de los lugares que ha elegido para la ejecución de su proyecto “Respuestas metabolómicas de los musgos antárticos Sanionia uncinata y Polytrichastrum alpinum al calentamiento global”, financiado por el Fondecyt y el INACH.

El Dr. Gustavo Zúñiga (58) es uno de los investigadores polares más reconocidos en Chile. El año 2011 recibió Premio al Espíritu Antártico en la ceremonia de cierre de la VIII Reunión Chilena de Investigación Antártica, por sus “más de veinte años dedicado a la investigación antártica, formador de varios científicos que han seguido sus pasos en el Último Continente y una calidad humana incuestionable”. Zúñiga es Profesor de Estado en Química y Biología (1983) y Doctor en Ciencias Biológicas (Universidad de Chile, 1997). Actualmente es profesor titular de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile.

El año 1992 viajó por primera vez a la Antártica y desde entonces ha venido 15 veces. Calcula que más de 50 personas han podido conocer y trabajar en el Continente Blanco gracias a las oportunidades que han entregado sus proyectos. Actualmente lidera el proyecto “Respuestas metabolómicas de los musgos antárticos Sanionia uncinata y Polytrichastrum alpinum al calentamiento global”, financiado por el Fondecyt y el INACH.

Conversamos con él en una de las trabajadas noches de los laboratorios de la base Escudero.

gzuniga2
El Dr. Gustavo Zúñiga en los laboratorios de la base Escudero, junto a Gustavo Zúñiga-Líbano (ingeniero en Biotecnología) y la Dra. (c) Marisol Pizarro.

Usted lleva dos décadas de actividad antártica. ¿Cómo sintetizaría los noventa desde su punto de vista?

Gustavo Zúñiga (GZ): Una de las principales diferencias es la cantidad de gente involucrada. En los noventa había un grupo importante, pero era bastante más reducido. Por otro lado, las facilidades para hacer investigación ahora en la Antártica han mejorado de manera significativa. El hecho de que exista, en esta isla en particular [isla Rey Jorge], facilidades en términos de laboratorios, que son equivalentes a los de nuestros lugares de trabajo, facilita mucho la situación. Esos son aspectos positivos. Antiguamente mucha gente venía a tomar muestras y lleva el material y lo procesaba en sus lugares de trabajo y no había mayor actividad en la propia Antártica.

Nosotros, en particular, desde la primera vez que vinimos hicimos experimentos en la medida de las posibilidades que teníamos acá in situ. Muchos resultados los llevábamos ya conocidos de lo que habíamos hecho acá. Entonces para nosotros esto resulta fundamental: tener facilidades que permitan realizar parte del trabajo acá; eso te evita una serie de complicaciones, de estar llevando el material de aquí para allá, que algo se descomponga por las condiciones de calor en la vuelta a Santiago. Entonces, eso ha cambiado de manera significativa.

También la percepción que tiene la gente respecto del INACH. Ahora se asocia más con investigación, antes si bien había investigación tenía más bien una mirada más geopolítica, de relaciones a nivel internacional y político más que a nivel científico. Eso es bueno, porque entonces a uno le cuesta menos interactuar con pares extranjeros que trabajan en temas relacionados, porque ya hay un conocimiento mayor de lo que se hace en investigación antártica.

¿Puede sintetizar la trayectoria de sus temas de investigación desde el 92 hasta hoy?

GZ: Yo partí trabajando con mi ex tutor, Luis Corcuera, en un tema relacionado con tolerancia al frío en Deschampsia y, mirado en la perspectiva, uno por desconocimiento del tema plantea a veces propuestas que están alejadas de la realidad. Posteriormente empezamos a evaluar un proyecto ya directamente dirigido por mí, del impacto de la radiación UV en Deschampsia antarctica y ahí yo creo que fuimos más certeros a la hora de la definición del problema, porque la radiación es efectivamente un factor que altera el desempeño de los organismos.

¿En ese momento era hipótesis?

GZ: Sí, estábamos viendo qué pasaba. La principal sorpresa que encontramos es que Deschampsia en particular tiene mecanismos sumamente eficientes que le permiten tolerar. Después hemos visto en Colobanthus, más en laboratorio que en terreno, que también se da la misma situación. Ambas plantas viven en este ambiente y, por lo tanto, no están estresadas. Los organismos que viven en un ambiente extremo son capaces de tolerar ese ambiente, no están estresados. Pero lo que sí es interesante de conocer es qué mecanismos les permiten sobrevivir a esas condiciones.

En eso estamos y hemos avanzado una buena cantidad. En el caso de los trabajos previos que tenemos, conocemos en Deschampsia la metabolómica de manera casi completa, es decir, los metabolitos que esta planta acumula. Es un trabajo muy bueno, hemos solicitado patentes relacionadas con el tema. Ahora estamos solicitando una patente relacionada con Colobanthus quitensis y el último trabajo que hicimos es movernos a los musgos y esto fue por el trabajo previo que hicimos donde nos dimos cuenta los musgos son organismos muy interesantes, probablemente tanto o más interesantes que las plantas vasculares, porque al ser más primitivos, tienen mecanismos súper eficientes que les permiten responder a condiciones extremas. Entonces, ahora estamos viendo si es que efectivamente el calentamiento, si es que es una condición real, está afectando la forma en que estos organismos responden a este ambiente. Estamos trabajando en la isla Rey Jorge, pero en dos lugares un poco contrastantes: el glaciar Collins y la isla Ardley, y dentro de la bahía Fildes estamos seleccionando algunos lugares poco intervenidos que estamos usando como control para muestreos.

¿Cuáles son las proyecciones de las patentes solicitadas?

GZ: Hay varias. De estas, una tiene que ver con el uso de productos de Deschampsia como antioxidantes y otro es el desarrollo de un biorreactor para producir biomasa en condiciones de laboratorio de manera eficiente y sustentable.

Es algo que parece un poco alejado de lo que uno hace, pero fue un desarrollo que se hizo con un grupo de trabajo y que, al menos, en varias investigaciones que se hacen sobre biorreactores para producir material vegetal, nos citan. A lo mejor va a tener solo impacto académico que reconozcan un trabajo o a lo mejor en alguna oportunidad alguien se interesa, porque es un reactor bastante novedoso, que permite aplicar in situ radiación ultravioleta. Los reactores, por estar construidos por vidrios, normalmente no se puede hacer tratamiento de radiación UV, porque el vidrio filtra el UV, pero en este caso el sistema permite colocar un rayo de luz UV que afecta directamente a la planta. Lo que hemos encontrado es que cuando hemos aplicado ese tratamiento la planta produce más antioxidante y no le pasa nada, responde positivamente. Entonces, desde el punto de vista, por ejemplo, de la aplicación de generar moléculas de interés, es un buen desarrollo.

Lamentablemente las patentes son un tiro al aire, porque a veces te las aprueban con facilidad y otras no, se demoran, sobre todo aquí en Chile.

¿Qué tipo de aplicaciones tiene?

GZ: En el caso de los productos antioxidantes de Deschampsia, puedes hacer productos cosméticos, que actúen como filtros solares para evitar el daño oxidativo que produce la radiación, tipo bloqueadores, pero no que bloqueen, sino que eviten el daño que se produce.

Y otra cosa son los niveles de azúcares en estas plantas, que también son interesantes y uno podría producir tipos particulares de azúcares que podrían usarse como aditivos en alimentos, etc. Ahora hay mucha demanda por productos naturales y ahí resulta interesante este desarrollo que permite producir masivamente una planta, agregarle factores que nosotros sabemos que inducen la producción de metabolitos que nos interesan y eso es positivo. No hay comercialmente reactores con estas características.

¿Cómo llegó usted a ser parte de la comunidad científica antártica?

GZ: En mi caso fue fortuito. Mi profesor Lucho Corcuera me dice, ¿te gustaría ir a la Antártica? y yo le dije “¡claro!”. Me contó que en ese tiempo un investigador chileno, que estaba en el British Antarctic Survey, había presentado un proyecto al INACH para estudiar Deschampsia, tolerancia al frío, pero no le podían asignar el proyecto porque no tenía residencia. Entonces le buscaron una contraparte chilena y llegaron a Luis Corcuera y él me invitó a mí. Estuvimos viniendo del 92 al 96, después presenté un proyecto directo y estuve viniendo hasta el 2003. Después vine por un proyecto de biorrecursos de Corfo, que también me invitaron a participar. Luego presenté este proyecto a Fondecyt y ahí tengo, por lo menos, 3 años más para venir. Quiero seguir, hay mucho potencial.

gzuniga-3
Zúñiga junto a los integrantes de la X Expedición Antártica Escolar, organizada por el INACH, en un trabajo en terreno en isla Ardley.

En esa misma línea, ¿hoy cómo ve la gente joven la Antártica?

GZ: Es estimulante que haya mucha gente joven que viene a trabajar a la Antártica, la gente se motiva mucho. En mi caso tengo un par de doctorados en el tema, se acaba de doctorar un estudiante mío, Rodrigo Contreras, el año pasado y que trabajó su tesis en Colobanthus. Marisol Pizarro y Hans Kohler están haciendo sus tesis doctorales. Tenemos un grupo importante de gente, sin hacer propaganda, porque yo no uso de gancho para tener alumnos la investigación antártica. Ellos llegan al laboratorio y ahí les cuento, pero no quiero que sea un incentivo, quiero que sea por interés propio.

Departamento de Comunicaciones y Educación
Instituto Antártico Chileno.