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Adelanto BACh: Antártica profunda, el nuevo desafío

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Publicado
4 de ago del 2015

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Grupo de investigadores en el glaciar Unión. Sector Cabeza de Elefante. Yuly López, Carlos Areche, Luis Saona, Rodrigo Contreras, Juan Carlos Aravena, Reinaldo Vargas, Vicente Durán. Atrás Pablo Espinoza.

A fines del 2014 viajó al glaciar Unión, a 1080 km de distancia del polo sur, el más variado grupo de científicos chilenos que haya alcanzado ese extremo punto del planeta. Durante un mes, quince investigadores ejecutaron trece proyectos centrados en la diversidad y funcionalidad de la microbiota del lugar, el estudio de las propiedades ópticas de la criósfera antártica y los efectos del cambio climático en ella, y la búsqueda de bacterias y organismos fotosintéticos con el fin de conocer sus adaptaciones y rol ecológico. En total, ocho instituciones científicas del país participaron en esta expedición y parte de sus resultados y circunstancias se relatan en este artículo.

Cuando se habla de exploración antártica aparece de forma inmediata en nuestras mentes la expedición de Shackleton en el Endurance, su dura derrota tras quedar atrapado entre el hielo de un mar congelado, la dura travesía de su tripulación hacia la isla Elefante y los sacrificios hechos por él hasta llegar a las islas Georgia del Sur.

Con menos detalles está en la memoria colectiva la incursión de la escampavía Yelcho al mando del Piloto 2° Luis Pardo Villalón que logró rescatar a la tripulación del Endurance el 30 de agosto de 1916. En aquellos años, según nuestra opinión, la supremacía se entendía en función de la presencia y conquista de sitios no explorados anteriormente. Amundsen ya había llegado al polo sur y Scott después de él, muriendo en su camino de regreso. La expedición de Shackleton tenía como objetivo principal una expedición transantártica, cruzar el continente a través del polo.

Hoy seguimos visitando la Antártica, nuestros intereses son diferentes, nuestros medios de transporte son rápidos y seguros, nuestras bases, desde las islas Shetland del Sur hasta las que están más allá del círculo polar antártico, ofrecen comodidades impensadas para los navegantes de principios del siglo XX.

Hoy hacemos exploración en la Antártica con una nueva visión, una visión dada por la ciencia, buscando evidencias que nos permitan descifrar el origen de la flora y la fauna de este continente, sus adaptaciones fisiológicas y como estas se han fijado en su material genético, evidencias que permitan reconstruir el ambiente antes que este continente se separara de Sudamérica y estudiar cómo se puede aplicar todo este conocimiento para dar soluciones a problemas cercanos como en agricultura, medicina e industria.

Sin duda, Chile ha dado un paso gigante al proponerse hacer investigación dentro del círculo polar antártico, un desafío que sería imposible de cumplir sin la cooperación de todos los operadores antárticos.

El año 2014 se marcó un hito en la exploración biológica chilena. Durante un mes, desde el 20 de noviembre hasta el 15 de diciembre, 15 investigadores, 13 de ellos asociados a universidades e instituciones chilenas y dos de universidades extranjeras, visitaron el glaciar Unión (79° 46’ S / 82° 54’ W), con el firme propósito de desarrollar proyectos que permitan caracterizar organismos vivos capaces de crecer en un lugar tan adverso, con temperaturas que pueden llegar a -50 °C y ausencia total de precipitaciones.

La expedición fue organizada en dos grupos que permanecieron por 10 días recorriendo, explorando y obteniendo muestras desde diversos sectores cercanos al campamento. El primer grupo, heterogéneo respecto de las disciplinas en que se desarrollaban, desde glaciólogos hasta biotecnólogos, estuvo compuesto por Patricio Flores (Fundación Biociencia), Salvador Barahona (Univ. de Chile), Raúl Cordero (Univ. de Santiago de Chile), Sarah Feron (U. de Leuphana, Alemania), Francisco Fernandoy y Delia Rodríguez (ambos de la Univ. Andrés Bello, sede Concepción).

El segundo grupo, la mayor parte de ellos microbiólogos, botánicos y biotecnólogos, estuvo conformado por Reinaldo Vargas (Univ. Metropolitana de Ciencias de la Educación), Rodrigo Contreras (Univ. de Santiago de Chile), Yuly López (Univ. de Concepción), Carlos Areche (Univ. de Chile), Luis Saona (Univ. Andrés Bello, sede Santiago), Vicente Durán (Univ. Andrés Bello, sede Santiago) y Juan Carlos Aravena (Univ. de Magallanes).
Durante todo el periodo, el equipo coordinador del INACH estuvo integrado por Jorge Gallardo (jefe científico de la expedición) y Ricardo Jaña, junto al Ing. Pablo Espinoza.

Los investigadores realizaron diversas actividades de reconocimiento, toma de muestras y mediciones en terreno. Para esto contamos con el apoyo aéreo de la Fuerza Aérea de Chile, con dos aviones twin otter y con una tripulación que sintió como suya la inquietud de descubrir y la pasión de la exploración científica. Ellos nos trasladaron a puntos que de otra forma habrían sido inaccesibles, colaboraron en la adquisición de equipamiento científico y en la planificación muchos meses antes de partir.

Por otro lado, los desplazamientos terrestres fueron apoyados por exploradores del Ejército de Chile, quienes nos asistieron con sus conocimientos en montaña y así realizar en forma segura las tareas en terreno. No menos importante fue la labor de la Armada de Chile, que logró mantener nuestro espíritu siempre entusiasta organizando el campamento para desarrollar nuestras actividades y procurando la mejor y más adecuada alimentación en estas duras circunstancias.

Impacto científico

bacterias
Bacterias aisladas por el Dr. Patricio Flores en los laboratorios de Fundación Biociencia.

De vuelta en nuestros laboratorios con las muestras y datos obtenidos en el glaciar Unión, hemos podido cultivar bacterias capaces de crecer en medios con muy pocos nutrientes a temperaturas muy bajas, diversas levaduras con producción de pigmentos, una decena de líquenes, muchos de ellos no descritos y otros hallazgos que aún estamos analizando.

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Levaduras aisladas por Salvador Barahona (Universidad de Chile) en el laboratorio del Dr. Marcelo Baeza.

Las proyecciones son prácticamente ilimitadas para un país como el nuestro, con aplicaciones y soluciones a la industria desde biolixiviación de cobre (oxidación de minerales para obtener su valor metálico o darle valor agregado utilizando bacterias capaces de incorporarlo en moléculas con utilidad en medicina o en la generación de energía a partir del sol). Proteínas con adaptaciones únicas que nos permitirían conservar material biológico a muy baja temperatura, un proceso llamado criopreservación, que tendría un gran impacto no solo en la ciencia y la medicina, sino también en nuestra economía. La comprensión de cómo el cambio climático afecta los procesos atmosféricos en los que participa el continente antártico y sus efectos en el equilibrio global nos permitirá tomar mejores decisiones para mitigar los efectos adversos que pudiera tener el calentamiento global en nuestro país.

Incluso hoy, con todos nuestros adelantos y comodidades no podemos olvidar el verdadero sentido de explorar la Antártica, el conocimiento profundo de un territorio que reclamamos como nuestro. Somos científicos, probablemente muchos piensen que nuestra prerrogativa es estar en un mesón o tras un microscopio, sin embargo, he compartido esta aventura con investigadores que hacen propias las palabras que alguna vez escribiera Luis Pardo Villalón a su padre antes de ir al rescate de la tripulación del Endurance:
“La tarea es grande, pero nada me da miedo: soy chileno. Dos consideraciones me hacen hacer frente a estos peligros: salvar a los exploradores y dar gloria a Chile. Estaré feliz si pudiese lograr lo que otros no. Si fallo y muero, usted tendrá que cuidar a mi Laura y a mis hijos, quienes quedarán sin sostén ninguno a no ser por el suyo. Si tengo éxito, habré cumplido con mi deber humanitario como marino y como chileno. Cuando usted lea esta carta, o su hijo estará muerto o habrá llegado a Punta Arenas con los náufragos. No retornaré solo.”

fig 3
Liquen obtenido en el glaciar Unión, como parte de las investigaciones de los doctores Cecilia Pérez (P. Universidad Católica de Chile) y Juan Carlos Aravena (Universidad de Magallanes). Liquen con apotecios amarillos a la izquierda. En el recuadro del centro agrupación de cianoalgas. A la derecha la cianoalga al microscopio óptico.

Por Jorge Gallardo C. y Pablo Espinoza G.
Instituto Antartico Chileno
Adelanto del próximo número del Boletín Antártico Chileno (www.inach.cl)