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Colaboración del CEAZA en triunfo de estudiantes en concurso Junior del Agua en Suecia

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Estudiantes del colegio Leonardo Da Vinci trabajando en una de las oportunidades en que visitaron las dependencias del CEAZA.

La Serena, 8 de septiembre de 2015. Con mucho interés de los medios de comunicación, de las autoridades y con entusiasmo de parte de la comunidad del Colegio Leonardo Da Vinci, de Coquimbo, se ha recibido el “Premio a la Excelencia” obtenido en el Stockholm Junior Water Prize, efectuado en Suecia, por el proyecto de las estudiantes Katya Urqueta y Katherine Araya, y dirigido por la profesora Norys Villarroel.

La iniciativa estudió y utilizó un hongo que convive junto a la especie Deschampsia antarctica (pasto antártico), que le confiere adaptación a las condiciones climáticas adversas, como la falta de agua.

Las estudiantes aplicaron este organismo a un tipo de lechugas y en pruebas de laboratorio sometieron a las hortalizas a estrés hídrico, similar al sugerido por los modelos para el cambio climático global, donde demostraron que pueden desarrollarse con menos agua de la que habitualmente se les aplica para su crecimiento, sin la presencia del microorganismo. La profesora asesora y una de las estudiantes habían participado previamente de la Feria Antártica Escolar del Instituto Antártico Chileno, lo que les permitió conocer la Antártica.

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Dr. Marco Molina-Montenegro, líder del Laboratorio de Ecología Terrestre del CEAZA, que aportó al trabajo de los estudiantes del colegio Leonardo Da Vinci.

El mérito y la dedicación de las estudiantes y profesora han sido primordiales. Así lo destaca el Dr. Rómulo Oses y el ingeniero agrónomo Cristian Fardella, ambos parte del Laboratorio de Ecología Terrestre del CEAZA, encabezado por el Dr. Marco Molina-Montenegro, y que apoyó a los jóvenes con conocimiento científico, en la preparación del experimento, mediciones y análisis de los resultados, entre otros detalles. La labor de aislar al hongo se realizó en el marco del proyecto INACH-Fondecyt “Evaluación del rol de hongos endófitos radiculares antárticos en el rendimiento ecofisiológico y tolerancia ambiental en cultivos de lechuga” que lidera el Dr. Molina-Montenegro.

Molina-Montenegro comenta que de esta manera se demuestra que se puede hacer ciencia de buen nivel desde regiones y en estrecha colaboración con estudiantes de diferentes niveles. “Creo que estamos aportando a la formación de capital humano avanzado, pero en la etapa que es realmente importante: a nivel escolar. Espero que este ejemplo sea replicado por otros grupos de investigación y por otros colegios, de esta manera mejorando y aumentando el conocimiento científico básico por un lado, pero buscando soluciones biotecnológicas potenciales para problemas reales”, afirma Molina-Montenegro.

“Me siento muy orgulloso del equipo científico que trabaja conmigo, ya que a través del apoyo a los escolares estamos cumpliendo uno de los roles que tenemos como investigadores en la sociedad: ayudar a mejorar la calidad de vida de los habitantes y, en nuestro caso, de los pequeños y medianos agricultores de la región de Coquimbo” agrega Molina-Montenegro.

Caldo de cultivo del interés científico

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A la izquierda, Dr. Rómulo Oses, junto al Ingeniero Cristian Fardella, ambos integrantes del Laboratorio de Ecología Terrestre del CEAZA.

Según explica el Dr. Rómulo Oses, para trabajar mutuamente los estudiantes y los integrantes del laboratorio del CEAZA, debieron conocerse, generar confianzas, para luego elaborar el diseño colaborativo, la experiencia propiamente tal, el análisis de datos y la difusión. “Esto es una demostración de talento local, en el sentido de que junto a los y las alumnas nos respondimos una pregunta que es de primera línea en otras latitudes del mundo, como lo es el estudiar lo que ocurrirá con las plantas y el alimento en un escenario de cambio climático”.

El científico también releva la importancia de las academias científicas escolares como “caldo de cultivo” del interés y compromiso por el desarrollo de la investigación. “Si yo fuera un científico en busca de gente comprometida, con potencial para hacer ciencia, iría a buscar a las academias de ciencias de los colegios. Allí es donde se combina talento y épica suficiente para comprometerse con el trabajo. Yo creo que en estas academias existe un semillero de gente que en muchos casos ni siquiera quieren ser científicos, pero tienen el germen de la pregunta bien formulada, de la observación acertada y que pueden configurar una hipótesis”, agrega Oses.

Por su parte, Cristian Fardella explica que para ellos como laboratorio ha sido muy grato compartir con generaciones nuevas y profundizar en temáticas de investigación que hasta ahora parecían confinadas al mundo académico. “Ellos han tenido una oportunidad que nosotros a su edad probablemente no tuvimos. Eso los prepara muchos mejor en una sociedad que les está dando mayor importancia a la ciencia. Es importante que ellos se sientan partícipes del desarrollo de la investigación y de un centro regional como el CEAZA”, señala el profesional.

En tanto, las estudiantes también han manifestado su agradecimiento al aporte del CEAZA para su experiencia. “El apoyo del CEAZA es gigante, porque ellos te orientan para que tu proyecto vaya bien enfocado”, afirma Katherine Araya. La profesora Norys Villarroel plantea que junto con el apoyo teórico facilitado por los investigadores del CEAZA, es significativo el que sus estudiantes pudiesen tener acceso a instalaciones científicas que ningún colegio podría brindar.

Los especialistas esperan proyectar el trabajo estudiantil y el de ellos en una siguiente etapa que sería evaluar en condiciones de campo los resultados obtenidos en el laboratorio.

Fuentes: CEAZA e INACH.