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“Navegar por mares cubiertos de hielo ha cambiado mi visión del océano”

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Publicado
21 de sep del 2015

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Mar congelado del estrecho Bransfield. Foto: Javier Arata.

Santiago de Chile, 21 de septiembre de 2015. La navegación marítima es un arte y una ciencia, pero cuando se trata de hacerlo en las aguas del océano Austral, esto puede ser toda una experiencia de vida, más si lo llevas a cabo en invierno y en un crucero científico de alto nivel. Quizás por eso el Dr. Javier Arata, asesor científico del Instituto Antártico Chileno (INACH), no lo pensó dos veces cuando le propusieron viajar por un mes en el rompehielos norteamericano Nathaniel B. Palmer, y más allá de los 60º de latitud Sur.

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Durante el crucero vieron una gran variedad de especies como lobos finos antárticos, focas cangrejeras, leopardo, elefante e incluso ballenas Minke, además de grupos de pingüinos de Adelia y Papúa.

Entre el 3 y 30 de agosto participó como invitado en la cuarta campaña antártica del Programa de Investigación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos de Estados Unidos, de la Agencia Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA). La expedición tuvo como objetivo entender la distribución y abundancia del kril antártico (Euphausia superba), en el área norte de la península Antártica y en las islas Shetland del Sur.

El investigador nacional trabajó asociado a científicos que esperan saber cómo se las está arreglando el kril antártico en los difíciles meses de invierno. “Uno de los momentos cruciales para la sobrevivencia del kril ocurre en invierno, época con una carencia generalizada de información científica. Hay escasa luz solar por lo que casi no existe crecimiento de las algas de las cuales se alimenta este organismo. El mar se cubre de hielo marino con una nueva plataforma, bajo la cual se forman películas de microalgas, que sirven como alimento subsidiario al kril”, inicia el diálogo el Dr. Arata.

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Kril antártico (Euphausia superba). Foto: Javier Arata.

A pesar que el kril antártico es una especie clave en el ecosistema, es notoria la falta de estudios nacionales al respecto, por eso esta campaña se vuelve importante. Su desafío fue conocer las actuales metodologías para evaluar el estado de la población, puesto que Chile está interesado en mejorar el actual manejo de este recurso en el seno del Comité Científico de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), donde Arata es el representante chileno.

A él le interesó particularmente mejorar sus conocimientos sobre los métodos de trabajo en altamar. Participó en la toma de muestras de agua de mar mediante una roseta, cada 15-20 millas náuticas, a distintas profundidades, para conocer la cantidad de alimento existente. Asimismo, obtenían muestras de zooplancton con una red que se arrastra desde los 170 m de profundidad hasta la superficie. Entre las estaciones se registraron los datos de sonar que permiten detectar la abundancia y distribución vertical (profundidad) de peces y del kril.

Una vez abordo, las muestras de zooplancton eran clasificadas por especies y su abundancia se contaba bajo el microscopio. Como el barco no se detenía a descansar, se trabaja en dos turnos de 12 horas cada uno, algunos de día, otros de noche.

“Me sorprendió saber que hay más de seis especies de kril en el área. El kril antártico (Euphausia superba) es el más grande y conocido de todos, pudiendo alcanzar los 60 mm y pesar casi 2 gramos. Las otras especies son más pequeñas (10-30 mm), pero igual de interesantes”, comenta el biólogo marino.

Igualmente aprendió que cuando hay mucho kril antártico, las otras especies están casi ausentes; y los organismos más pequeños suelen ser más abundantes a mar abierto, al norte de las islas Shetland del Sur.

Funcionamiento del barco

Esta experiencia no la olvidará jamás el Dr. Arata. “Navegar por mares cubiertos de hielo ha cambiado para siempre mi visión del océano. Es otro universo. No hay olas, el barco más que navegar, gatea por entre el hielo, escuchándose el quejido suave del hielo al romperse bajo el peso del barco”, comenta.

Las condiciones de trabajo fueron extremas, la sensación térmica oscilaba entre los -10 ºC y -30 ºC. En el crucero, además, participaron 20 investigadores de la NOAA, de universidades de EE. UU., del Instituto del Mar del Perú y la chilena Paola Reinoso, de la Universidad Católica de Valparaíso. En total, iban 48 personas abordo.

Para el Dr. Arata esta fue una oportunidad única de conocer el funcionamiento de un barco en condiciones extremas, cosa importante en Chile dado que espera en los próximos años contar con un nuevo rompehielos, con capacidad oceanográfica de clase mundial, más allá del borde costero. “Tenemos escasa experiencia trabajando en el océano Austral, bajo duras condiciones. Esta experiencia me permitió conocer la forma de trabajo, los detalles cotidianos, lo que funciona y lo que no tanto. Esto debería ser una pauta para asesorar el proceso de diseño del nuevo rompehielos con capacidades científicas de Chile, proyectado para el 2020”, recalca.

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Equipo de cubierta calando la red IKMT. Foto: Alexa Kownacki.

La parte que más disfrutó fue cuando ayudaba a preparar y poner la red en el agua, con días de -15°C, gracias al viento de 30 nudos que soplaba. Tenía que arroparse entero, ponerse el casco y los guantes, el pólar hasta los ojos, para preparar el marco de la red IKMT, que pesaría unos 60 kg y estirar la red de unos 8 metros de largo. Mientras el barco iba abriendo camino entre el hielo marino, se formaba un canal donde calar la red.

La capacidad de asombro es la sal de la vida para un científico. Cada vez que abrían el copo, un cilindro al final de la red donde se acumula la captura, era como recibir un regalo de la naturaleza, “para ver cuánto y qué especies habíamos capturado”.

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El Dr. Javier Arata navegó durante un mes en la Antártica.

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