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Publicado
31 de may del 2010

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La idea sobre la presencia de una Tierra Austral tiene su origen en la opinión del sabio griego Pitágoras de Samos, quien sostuvo que nuestro planeta era una esfera y que por simetría debería haber, además de la que él conocía, otra tierra más al sur, la que luego se denominó ‘Terra Australis Incognita’, que compensarían a las del norte, conocidas como ‘Arktos’, que en griego significa ‘Oso’ y hace referencia a la constelación de la Osa Mayor, la que sólo es posible observar desde el hemisferio norte, y también a la presencia de osos polares. En contraposición están los términos ‘Anarktos’ y ‘Antarktos’. El primero está formado por la partícula privativa ‘AN’, que significa ‘SIN’ y por ‘Arktos’, que significa ‘oso’, como ya se ha dicho. El segundo término se compone de la partícula ‘ANT’ que significa ‘OPUESTO A’ y la palabra Arktos ya conocida. Al escribir en castellano ‘Antártica’ se está diciendo que es el continente sin osos y que es el lugar opuesto al Artico.

En 1506 Alonso de Ercilla y Zúñiga se refiere a Chile y la Antártica escribiendo en su obra ‘La Araucana': ‘Chile, fértil provincia y señalada, en la región Antártica famosa …’, indicando así que Chile se continúa en la Antártica.

Cuando nos preguntamos ¿quién descubrió la Antártica?, la respuesta no es taxativa. En efecto, hay varios antecedentes que llevan a pensar que navegantes de diversas partes de la tierra pudieron ser quienes la descubrieron. Por ejemplo, hace unos 650 años antes de Cristo, según la leyenda originada en Rarotonga, Ui-Terangiora y otros polinésicos habrían navegado tan al sur que hallaron un océano congelado. Luego de muchas navegaciones al hemisferio sur, en 1501 una expedición portuguesa alcanzó los 52ºS, donde el piloto toscano Américo Vespucio describió una costa rocosa y un intenso frío. Luego vinieron las expediciones de Hernando de Magallanes (1519-1522) y Juan Sebastián Elcano, quienes navegaron hacia el sur en busca de la ‘Terra Australis Incognita’.

Siguieron luego las expediciones españolas de Francisco de Hoces (1525-1526) y de Alfonso de Camargo (1540); la del inglés Francis Drake (1577-1580); aquella del español Sarmiento de Gamboa (1579- 1580); la de Thomas Cavendish, entre 1591 y 1593; la expedición del holandés Jacques de Mahu entre 1598 y 1600, y la del capitán español Gabriel de Castilla, en 1603, quien logró llegar a los 64ºS. El hecho de haber llegado a la latitud de las islas Shetland del Sur hace suponer que el descubridor de estas tierras antárticas fue él.

De allí en adelante hubo varias expediciones más, especialmente realizadas durante el siglo XIX por cazadores de focas y lobos marinos, los que desafiaron los helados mares de la zona, en pos de la riqueza que les entregaban las pieles de estos animales, comenzando a desarrollarse, además, la caza ballenera. A lo largo de ese siglo más de 500 expediciones para la cacería de lobos y focas fueron desarrolladas en las aguas y tierras antárticas, principalmente por británicos y norteamericanos, diezmando las poblaciones casi hasta su extinción. Debido al mayor tamaño de las ballenas y a que en isla Decepción se instaló una empresa ‘ballenera’, casi una centena de expediciones con la finalidad de cazar a estos animales se desarrollaron a lo largo del siglo.


 
Los primeros en desembarcar en alguna de las islas del archipiélago de las Shetland del Sur fueron William Smith y Edward Bransfield en 1819, cuando desembarcaron en isla Rey Jorge y descubrieron, además, la que ahora llamamos ‘Tierra de O’Higgins’ (la península Antártica). El 19 de noviembre de 1819, William Smith desembarcó en cabo Shirreff, donde además de hallar grandes colonias de lobos finos, halló algunos restos del navío de guerra español de 74 cañones ‘San Telmo’, que se perdió durante una tormenta en el paso Drake el 4 de septiembre de ese mismo año, con 664 personas a bordo.

Expediciones con otros fines comenzaron a realizarse en la mitad del siglo XIX. Entre las más relevantes se pueden mencionar la que fue dirigida por el belga Adrien de Gerlache en 1897, acompañado por Roald Amundsen, quien 14 años después llegaría hasta el Polo. Esta expedición fue la primera que permaneció durante el invierno en la Antártica. Otra importante fue la expedición británica comandada por el noruego Carsten Borchgrevink en 1898. Esta corresponde a la primera expedición científica realizada en el continente, en la que se recolectaron datos científicos en las áreas de zoología, geología, meteorología y magnetismo terrestre. Después de ellos, aventureros de varios países llegaron y recorrieron la Antártica en diferentes puntos, muchos de los cuales perdieron la vida en el intento.

Fuente: Basado en extracto de “Chronological list of Antarctic expeditions and related historical events”, de Robert K. Headland (1989). 91(091):(+7)H433, Biblioteca INACH. Fotografías publicadas en el libro ‘Earth’s Last Frontiers. A history of discovery and exploration’, Aldus Books/Jupiter Books, London (1971). 91(091): (+7+3)W735, Biblioteca INACH.)