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Estudiantes de la Umag encabezan expedición científica a la Antártica en invierno

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Travesía en motos por la bahía Düse durante el amanecer (crédito E. Beriain).

Gracias a las becas que otorga el Instituto Antártico Chileno (INACH) para realizar tesis de postgrado en la Antártica, Sebastián Ruiz y Eneko Beriain, alumnos de la Universidad de Magallanes, Magister en ciencias antárticas con mención en glaciología, tuvieron la posibilidad de permanecer 34 días en el continente blanco. El principal objetivo de la expedición fue iniciar un monitoreo de temperaturas del suelo a largo plazo, así como también del aire y el agua de mar.
El atractivo propio de la Antártica convoca a más de 50 países a invertir sus esfuerzos científicos desde la perspectiva de distintas disciplinas como la biología, paleontología, geología, biomedicina, climatología, entre tantas otras, para intentar develar los secretos y misterios que deparan el pasado y el futuro del planeta. Los estudios se Ciencias cruzan en distintas propuestas de cooperación científica internacional y pocos son los países que como Chile tienen la puerta de entrada a la Antártica tan cerca. Por eso resulta tan interesante que los estudiantes de la región tengan la vocación de planificar su futuro profesional en un campo que todavía hay mucho por explorar.
Ese es el horizonte que comenzaron a divisar los estudiantes que viajaron durante los días 20 de agosto y 24 de septiembre pasados, cuyo financiamiento para cubrir los gastos logísticos corrió a cargo del Instituto Antártico Chileno, Inach, a través de las becas que otorga para realizar tesis de postgrado en la Antártica (Proyecto Inach M_01-14).
Los objetivos principales de la campaña eran dos. El primero, recopilar datos para la tesis de Sebastián Ruiz. El segundo, iniciar un monitoreo de temperaturas del suelo a largo plazo, obteniendo datos de temperatura del suelo/roca a 50 cm de profundidad en dos puntos de la Península Antártica: las inmediaciones de la base O´Higgins y el refugio Boonen Rivera. En ambas locaciones, se realizaron mediciones de temperatura del suelo a dos cotas diferentes, del aire y del agua del mar.

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Vista nocturna desde el mar congelado hacia el Refugio Boonen Rivera (crédito E. Beriain).

Muestreo en permafrost

Se denomina permafrost a la capa de hielo permanente en los niveles superficiales del suelo, puede encontrarse en áreas circumpolares y periglaciales. El proyecto contempla el muestreo de ese material, ya que la zona presenta diferentes regiones en las cuales la influencia de las variaciones de temperatura anuales de aire (Maat) son menores en bases de Península Antártica Este (Pae) que en Península Antártica Oeste (Pao), a latitudes equivalentes entre 63°s y 64° 50´s. Sin embargo, las investigaciones se centran en el lado Oeste de la Península, existiendo un vacío de información referente a los suelos del sector Este, donde está emplazada la Bahía Düse.
Los suelos perennemente congelados son un sensible indicador de tales efectos, siendo también parte importante de la criósfera. La capa activa, formada por la descongelación de la frontera superior de tales suelos, varía su grosor en tanto al intercambio energético con la superficie. Las propiedades de tales suelos determinan la forma en que estos flujos de energía ocurren, determinando su evolución y degradación.
El análisis de la composición de estos suelos permite determinar la forma en que irán respondiendo a variaciones futuras.

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Eneko Beriain y Sebastián Ruiz implantando los sensores de temperatura.

Diario de viaje de 34 días en la Antártica

“La expedición comenzó el día jueves 20 de agosto de 2015, después de ocho días de espera a que las condiciones meteorológicas fueran favorables. Es así que a las 3:45 de la madrugada partimos Sebastián y yo en un taxi hacia la base de la Fuerza Aérea Chilena (Fach). Y luego de realizar los preparativos y recibir las instrucciones pertinentes, nos embarcamos en el avión Hércules C-130 para despegar a las seis y llegar a la base Frei dos horas y media más tarde”, cuenta Eneko Beriain.

Isla Rey Jorge

Durante 11 días los investigadores permanecieron en la Isla Rey Jorge antes de ser trasladados a la base O´Higgins, allí tuvieron la posibilidad de visitar la base China Great Wall y la Rusa Bellingshausen y la antigua Iglesia Ortodoxa que sobresalía tímidamente en medio de un paisaje totalmente nevado. También participaron de las mediciones del espesor del hielo que estaba realizando un equipo de científicos rusos y convivieron con la gente de la base y las Fuerzas Armadas, llevándose una grata experiencia. Antes de partir a su destino, objeto de estudio, aprobaron los taladros y todos los materiales que llevaban para tomar las muestras y colocar los elementos de monitoreo.
“El lunes, 31 de agosto nos despertamos en la capitanía de puerto y rápidamente fuimos trasladados a la pista de aterrizaje de la Fach, donde llegamos a las 9:15 de la mañana. Fuimos informados de que íbamos a volar en helicóptero a la base O´Higgins.
Poco después estábamos cargando el equipo en el helicóptero y despegando rumbo a O´Higgins. En este viaje, se compartió vuelo con Pierre y Alex, de origen francés y ruso respectivamente, quienes iban a trabajar en la estación terrena para descarga de datos satelitales GARS de en DLR (Agencia espacial alemana)”, es el testimonio que Sebastián Ruiz recordó en el reporte posterior a su viaje.

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La imagen muestra las herramientas y los orificios realizados en la piedra para colocar los sensores (crédito E. Beriain).

Invierno en O´Higgins: Hielo marino y nieve

Una vez que el equipo llegó a la base O´Higgins tuvo que esperar seis días para que las condiciones meteorológicas mejoraran y así poder cruzar hacia la Bahía Düse.
Mientras tanto, se realizaron las perforaciones para la instalación de los sensores de temperatura del suelo con una cota aproximada al nivel del mar y en las inmediaciones del refugio Rancagua. Lugar al que accedieron a pie luego de 10 minutos de caminata en medio de la nieve, y cruzando un pequeño canal congelado.

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Refugio Boonen Rivera (crédito E. Beriain).

Balance de la expedición

“Después de llegar a la base O’Higgins estuvimos diez días más esperando las condiciones para comenzar el regreso. El día 21 de septiembre a las 9 de la mañana llegó el Twin Otter de la Fach y después de un sobrevuelo del área de la base realizamos el cruce a la isla Rey Jorge.
El día 24 de septiembre a las 18 horas embarcamos en un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Brasileña que nos llevó a Punta Arenas”, señala Sebastián Ruiz.
Ambos investigadores concluyeron en que el balance de la expedición fue muy positivo, ya que se cumplieron todos los objetivos. Cuatro sets de sensores de temperatura quedaron instalados para la obtención de datos inmediatos, cuyos resultados utilizará Sebastián Ruiz para su tesis. Además iniciaron un monitoreo de un año de temperatura de suelo y aire en ambas costas, con perforaciones de 50 cm en roca. Si bien la beca de investigación estaba acotada para este proyecto, los científicos esperan poder dar continuidad y regresar nuevamente el año próximo a la Antártica.

Por Analía Vázquez
La Prensa Austral