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Discurso de la ceremonia de botadura de la Lancha R/S Karpuj

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Un joven de 14 años preguntó hace algún tiempo a un Premio Nobel de Química “¿qué hay que hacer para obtener un Premio Nobel?”.

Su respuesta es similar a la que podríamos haber escuchado de los grandes exploradores antárticos cuando se les consultaba por las razones de su éxito: “Todo comienza con una visión, con un sueño, con un imaginario sobre el futuro. Como cuando un actor es capaz de entender no solo la obra que está interpretando, sino además proyectarse en la siguiente obra, la que aún no ha sido estrenada”.

Diciembre es para Punta Arenas un mes de zarpe de grandes expediciones de la época exploradora de la Antártica.

Un 14 de diciembre de 1897, hace 118 años y 3 días, un ballenero a vapor y velas, noruego, de 30 metros de eslora y 7 metros de manga, zarpó de Punta Arenas rumbo al Continente Helado, donde sería atrapado por los hielos no regresando sino hasta 15 meses más tarde. Ciertamente esperamos que nuestro capitán no intente repetir esta epopeya.

La Belgica así bautizada por su comandante, el teniente de la marina belga Adrien de Gerlache, tenía una eslora apenas 5 metros mayor que la nave que hoy celebramos, nuestra Karpuj. Pero su máquina de vapor de 150 caballos era apenas un 12 % de los motores que mueven a nuestra lancha, que son de 1200 HP. Su tripulación era internacional. Zarparon 19 hombres, que hablaban 5 diferentes idiomas (y regresaron 17).

Once años después, un 16 de diciembre de 1908, zarpa de Punta Arenas el explorador francés Jean Baptiste Charcot en su segundo viaje a la Antártica. Su nave de tres mástiles, la Pourquoi pas?, tenía 40 metros de eslora, 9 de manga y una máquina de 550 caballos. Algo mayor que la primera goleta en que explora la Antártica, la France de sólo 32 metros de eslora.

Charcot es despedido por el Cónsul de Francia en Punta Arenas, Juan Blanchard, propietario de la casa donde hoy desarrolla sus actividades el Instituto Antártico Chileno (INACH), por el Gobernador Chaigneau y otros compatriotas de la colonia francesa residente en la ciudad. A fines de diciembre llega a la isla Decepción donde se encuentra con la flotilla de la Sociedad Ballenera de Magallanes y a bordo del buque insignia Gobernador Bories, con su comandante Adolfo Andresen y su señora esposa Betsy Rasmussen, probablemente, como escribe en su diario, “la primera y la única mujer que jamás haya venido a la Antártica”.

Recibe de Andresen 30 toneladas de carbón y en reconocimiento Charcot bautiza una isla como “Andresen” y escribe en su diario: “considero que haber podido abastecernos de carbón en la isla Decepción, fue una de las principales causas del éxito de la expedición; nosotros se lo debemos a la cortesía extrema y la gran generosidad de la ‘Sociedad Ballenera de Magallanes’”.

Permítanme ahora referirme al nombre de esta nave, la Karpuj, sugerido por Francisca Massardo del parque Etnobotánico Omora quien, desde Puerto Williams nos indicó que ese era el vocablo yagán para el “albatros de ceja negra”, especie reconocida por su capacidad de atravesar océanos con un mínimo de esfuerzo, volando bajo toda condición de viento y oleaje.

No fue esta la primera nave que buscamos para la ciencia antártica. El Almirante Iván Valenzuela Bosne, quien por muchos años vivió en esta Región, nos sugirió primero, en septiembre del año 2012, visitar una patrullera de la clase Dabur, que fuimos a ver a Puerto Chacabuco donde comenzó la conexión de este proyecto con la Región de Aysén.

Una conversación entre nuestro Director y el Comandante en Jefe de la Armada, Almirante Edmundo González Robles a bordo del avión que los llevaría al glaciar Unión en diciembre de ese mismo, nos hizo dirigir la mirada hacia las Lanchas de Embarque de Prácticos, Ona y Yagán que él indicó podrían servir mejor a nuestro propósito que las patrulleras Dabur.

El siguiente paso fue compartir con Conicyt la ilusión de equipar para la ciencia una primera nave antártica nacional. Tuvimos la fortuna que la Dra. Isabel Meneses, directora del Programa de Investigación Asociativa de Conicyt, creyera en este proyecto y asignara $750 millones para comenzar a concretarlo.

Se encomendó la tarea al Dr. Javier Arata y allí apareció en el horizonte, en abril del año 2013, el ingeniero naval Félix Bartsch Oyarzún, natural de Coyhaique. Félix tomó la tarea, como rezó su primer contrato, para “evaluar el estado presente y estimar el costo de la reparación y/o modificación de dos embarcaciones en la Región de Magallanes y Antártica Chilena”.

Esta lancha era la Ona, que finalmente adquirimos junto a la Yagán un 27 de septiembre del año 2013. La nave fue refaccionada completamente, cambiando el casco por uno de doble espesor, nuevos motores, cajas, ejes, hélices y accesorios, modificando la configuración interna de la nave, añadiendo una cubierta para un laboratorio húmedo de casi 20 m2, un pórtico en popa tipo “A”, con capacidad de levante y tiro de 2 toneladas, una ecosonda SIMRAD de investigación, huinche de 2000 metros, roseta, botellas Niskins, redes, detectores de temperatura y conductividad, etc.

Llegar a este día no ha sido fácil. Por varias razones no es sencillo innovar en estrategias y política antártica.

Si nos comparáramos con institutos similares, por ejemplo, de los dos países con que compartimos una reclamación soberana en la Tierra de O’Higgins, el INACH solo tiene una dotación de 44 funcionarios en comparación a los más de 200 o 400 que tienen sus pares.

Si, por otra parte, pensamos que esta ciudad recibirá al menos a 20 países antárticos este año, que hablan 13 idiomas diferentes, coincidiremos en que es una tarea compleja trazar nuestro rumbo antártico, pero al mismo tiempo, que debemos asumir con responsabilidad nuestra condición de ser la región más antártica del mundo para continuar creciendo en beneficio de los ciudadanos de Magallanes y Antártica Chilena.

Innovar es posible, pero se requiere el entusiasmo y compromiso de muchos.

Quisiera terminar agradeciendo a todos los funcionarios del INACH que participaron en esta tarea, en especial al ingeniero Félix Bartsch y su Departamento de Expediciones Antárticas.

No puedo terminar estas palabras sin hacer un público y especial reconocimiento.

El desafío para un científico es entender y contribuir al paradigma que explica el mundo que le tocó vivir. Como decía el Premio Nobel, un actor que sobre el escenario debe desarrollar su papel, que ha estudiado con compromiso y vocación. El mayor desafío para el científico es ser capaz de entender la obra que está en desarrollo y al mismo tiempo mirar tras bambalinas otros escenarios posibles, otros actores, otras obras. Esa visión, le permite al científico proyectar su trabajo más allá de su espacio y tiempo. Al hacerlo de esta forma, nos invita a participar de nuevas obras, a mirar nuevos escenarios y a co-construirlos.

El que INACH hoy inicie, con esta lancha, la construcción de un nuevo escenario para la ciencia antártica nacional, es, sin duda, mérito del Dr. José Retamales Espinoza, quien con su visión y comprensión del entorno antártico, de su naturaleza internacional, ha sabido llevar a adelante un proceso transformador para la ciencia antártica nacional. Don José, este es también su éxito.

Gracias.

Dr. Edgardo Vega
Director (s) Instituto Antártico Chileno

Punta Arenas, 17 de diciembre de 2015