Instituto Antártico Chileno

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Antártica, Magallanes y el mundo

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Publicado
6 de nov del 2016

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opinión prensa

Por Dr. José Retamales, Director nacional del Instituto Antártico Chileno

Durante seis semanas les hemos acompañado “en el sofá” cada domingo con una serie de columnas en que profesionales del Instituto Antártico Chileno han resumido distintos aspectos de la actividad polar: la ciencia, la logística, la economía, la educación, la comunicación, la identidad. La excusa perfecta ha sido la celebración del Día de la Antártica Chilena, hoy, 6 de noviembre.

Agradecemos el espacio que gentilmente nos ha entregado La Prensa Austral, un medio comprometido con la divulgación de la ciencia en general y de la actividad antártica en particular, y que también nos ha permitido hacer circular en forma gratuita con esta edición la lámina “Chile y Antártica: hitos de una historia común”.

Si vemos un mapa y sobreponemos mentalmente las culturas que han marcado el desarrollo de la historia universal, notaremos que los magallánicos estamos en la periferia absoluta: alejados de todos, somos la encarnación del finis terrae. Esto, que pudo haber sido nuestra ruina eterna, es en cambio y en forma paradójica aquello que nos ha puesto en los libros de historia, geografía y en la cosmovisión del mundo. Podemos afirmar que incluso somos más conocidos que el mismo país que integramos. Palabras como “Patagonia”, “Tierra del Fuego”, “Magallanes”, “Cabo de Hornos”, “Antártica”, están grabadas en el despliegue de Occidente y en el lenguaje universal.

La mayoría de nuestros abuelos y bisabuelos, sin embargo, no se veían en el fin del mundo. Quemaron las velas al llegar a estas tierras, para no volver. Magallanes, que los acogió como inmigrantes, era la tierra de sus oportunidades ante las carencias del centro del país o del viejo continente. La comunicación marítima con Europa era más expedita que con “el norte” de Chile, cuando el estrecho de Magallanes era paso obligado, antes de la construcción del canal de Panamá. Era más rápido –y seguramente económico- comprar en Europa que en Chile Central.

Y la geografía no arredraba a los pioneros, a los Nogueira, los Baeriswyl y a las numerosas familias que llegaban desde Chiloé. En ausencia de carreteras, el camino era el mar, los fiordos, los canales, el Estrecho.

Magallanes, Experiencia Antártica

El mundo ha cambiado desde esos tiempos y seguirá cambiando. Habría sido una gran sorpresa para nuestros bisabuelos lo que aprendimos hace 30 años con el descubrimiento del “agujero” en la capa de ozono. Somos capaces de dañar este planeta en que vivimos (¡y aún no tenemos uno de reserva!).

Además, en el año 1800 el mundo tenía aproximadamente 1.000 millones de habitantes. El 1900 eran 1.650 millones. Pero el año 2011 superó los ¡7.000 millones de personas!

El planeta tuvo, a pesar de dos Guerras Mundiales, un explosivo crecimiento de su población en el siglo XX. Por ello y dado el crecimiento industrial, nos sorprende hoy la amenaza del cambio climático. La buena noticia es que, al menos en parte, es de origen antropogénico. Nosotros lo causamos. ¿Lo podremos remediar?

Desde la segunda mitad del siglo XX ha aumentado enormemente la conciencia medioambiental. La Antártica y la Patagonia son íconos de una naturaleza intacta que despierta fuertes sentimientos de protección. Sin embargo, la ciencia nos dice que la acidificación de los océanos podría terminar con el kril y con ello modificar la vida polar que conocemos. Esto es algo que al mundo le importa y no podemos quedarnos al margen. Toda esta región es soberanamente nuestra, pero afuera hay muchos ojos y corazones que esperan la custodiemos.

El pasado jueves 3 asistimos a la inauguración de un sueño: el programa “Magallanes, Experiencia Antártica”, de Corfo. Nos entregará una nueva oportunidad, una visión compartida para vitalizar otro elemento, otro atributo fundamental de Magallanes: construir un imaginario antártico con nuestra comunidad y los empresarios de turismo de experiencias.

Junto a ellos, en un par de años podremos ofrecer al mundo la posibilidad de conocer el territorio antártico en Punta Arenas, gracias al Centro Antártico Internacional, uno de los íconos del visionario Plan de Desarrollo de Zonas Extremas (PEDZE), que impulsa el Gobierno de Chile. Podremos hacer vivir al visitante la Antártica indómita, los valores antárticos, la aventura del conocimiento, incluso aquello que el turista que visita la Antártida no ve: la biodiversidad escondida en las aguas del océano Austral.

Además, el PEDZE está construyendo los caminos que permitirán a magallánicos y visitantes acceder a los sitios universales de este territorio: el fin de América en el cabo Froward, el canal Beagle, la Tierra de los Fuegos.

El mundo en nuestros ojos

El desafío para los magallánicos será educar, aprender, asumir esta condición de ser un referente cultural universal, de tanta proyección, fortalecer una identidad propia pero abierta al mundo, al mismo tiempo.

El idioma puede ser la primera barrera o el primer puente entre dos personas. El lenguaje de la ciencia y también del turismo es el inglés. Hablarlo es un gran avance, pero ¿por qué no recuperar esa cualidad políglota del viejo Magallanes, cuando en nuestras calles se hablaba cotidianamente el alemán, el mencionado inglés, el croata, el francés, el italiano, el noruego? A veces las claves del futuro están en los mejores días del pasado.

Lo segundo a tener presente es que los países, las sociedades, son legítimamente diversas, recordar que los pueblos se han organizado según sus propias necesidades y costumbres. El respeto y conocimiento de esta diversidad es fundamental para afianzarnos como el polo de atracción internacional que somos. Debemos ponernos en la piel del otro, conocer sus motivaciones, estar a la altura de sus expectativas.

La Antártida y la Patagonia atraen por igual a ciudadanos de docenas de países. Búlgaros, checos, polacos, rusos y ucranianos tienen bases antárticas cercanas a las nuestras. Son todos pueblos eslavos, pero diferentes entre sí, incluso diferentes religiones, diferentes alfabetos. Científicos coreanos, chinos, japoneses y malasios transitan nuestras calles viniendo del oriente y el sudeste asiático, regiones muy cercanas, pero cada país con su propio idioma, identidad e historia. Ingleses y alemanes, portugueses y españoles, estadounidenses, canadienses, los latinoamericanos. El mundo antártico. Conocerlos, reunirlos en un Centro Antártico Internacional será un desafío que a todos nos hará crecer.

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Fotos : Felipe Trueba