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Chile presente en Reunión Consultiva del Tratado Antártico en China

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Publicado
23 de may del 2017

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A pocos días de que la Presidenta Michelle Bachelet realizara una visita de Estado a la República Popular de China y en la que la temática polar estuvo presente mediante la firma de un acuerdo de cooperación en temas antárticos, ayer comenzó en Beijing, China, la XL Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA), la que se extenderá hasta el 1 de junio. Chile participa con una delegación encabezada por el Emb. Francisco Berguño, director de Antártica del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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Este año, la RCTA comenzó con una sesión especial denominada “Our Antarctica: Protection and Utilization” (Nuestra Antártica: Protección y Uso). En la ocasión uno de los conferencias principales fue el director del Instituto Antártico Chileno, Dr. José Retamales. A continuación transcribimos su presentación en esta reunión especial.

Nuestra Antártica: Protección y Uso

Hay tres conceptos que nos pueden ayudar a reflexionar sobre la responsabilidad asociada a tomar decisiones sobre la Antártica, implícita en el título de esta Sesión Especial. Son conceptos que al mismo tiempo nos presentan oportunidades y desafíos: la ciencia, la cooperación y el equilibrio dinámico entre protección y uso.

La generación de conocimiento ha demostrado su valor durante la historia de la humanidad, en especial en las últimas décadas, al extender los límites de la mente humana. Ha crecido nuestro entendimiento del micro y macrocosmos, otorgándonos el conocimiento necesario para utilizar nuestro entorno de manera responsable.

Se han prolongado las expectativas de vida de los seres humanos, aumentado las posibilidades de aprender más en cada nueva generación, impulsando con ello un desarrollo tecnológico que nos permite ir cada vez más lejos, en menos tiempo y tener oportunidades de comunicarnos instantáneamente desde casi cualquier parte del planeta.

La ciencia nos entrega un camino para fundamentar la discusión y la generación de acuerdos. Por cierto, no es el único camino pero sin sus aportes nuestras decisiones carecerían de la responsabilidad que la magnitud del desafío exige. El principal valor de la ciencia subyace en su característica de “auditable”, necesario para la comprensión de sus métodos de aproximación a la realidad y la revisión de sus conclusiones.

El Tratado Antártico de 1959 tuvo su origen, en alguna medida, en los resultados del Año Geofísico Internacional y en la percepción de una Antártica importante para el presente y el futuro del planeta. Sin embargo, ninguno de los impulsores del Sistema del Tratado Antártico conocía en esa época la importancia que hoy sabemos tiene su interacción con otros continentes, la magnitud en que la Antártica influye sobre impensados fenómenos de escala planetaria.

Hoy la ciencia ha descubierto parte de la oculta trama de influencias que el Continente Blanco ejerce sobre el mundo, pero también ha cambiado la percepción de los fundadores del Sistema del Tratado Antártico, de ser responsables de un frío y estéril continente, apropiadamente amortajado con una sábana blanca.

Hoy sabemos que el comportamiento de la Antártica condiciona el clima mundial, el patrón de circulación termohalina –esta cinta transportadora oceánica que nace en las frías y, por lo tanto, densas aguas de la Antártida-, el intercambio de nutrientes con las áreas pesqueras más productivas del planeta, la intensidad de los vientos, y la dispersión de diversos y variados organismos alrededor del océano Austral.

La Antártica ha revelado en estos 55 años su rica diversidad marina y un infinito cosmos microbiológico, con un acervo biomolecular insospechado hace medio siglo. Hoy, nuestro entendimiento de los patrones ecológicos que regulan la resiliencia y adaptabilidad de los ecosistemas antárticos está acercándonos a mejores modelos predictivos, en un mundo cambiante.

Incluso para los gestores del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, el mundo enfrenta hoy un escenario mucho más extremo de lo vislumbrado hace casi 30 años.

La nueva información que la ciencia construye cada año, nos confirma que determinadas áreas de la Antártica Occidental están entre los lugares más afectados del planeta. Pero no solo eso: la forma en que la Antártida influye en el clima del planeta hace que, si permitimos que ocurran cambios dramáticos en la Antártica, ello implicará cambios dramáticos para el mundo.

A menudo comunicamos a nuestros conciudadanos, en especial a las nuevas generaciones, que la Antártica es un continente especialmente regulado por leyes internacionales que nacen del Sistema de Tratado Antártico, cuyo fin último es decidir cómo la Antártica debe ser abordada.

Nuestro privilegio de decidir, entre otras cosas, el tipo de actividades a realizar, regular su impacto ambiental y buscar formas sustentables de beneficiar a los ciudadanos con el conocimiento generado en Antártica, nos exige una ciencia de calidad, ambientalmente responsable y útil a la decisión política.

Estos desafíos pueden ser enfrentados de diferentes formas y el Sistema del Tratado Antártico recomienda una que apela a valores y capacidades no habituales en otros ámbitos del quehacer humano: la cooperación internacional, la colaboración entre las Naciones. Al estimular esta forma de hacer las cosas, asumimos desafíos y abrimos oportunidades que no siempre son fáciles de abordar. Pero esto es la Antártica, nunca algo es sencillo.

La cooperación, entendida como un trabajo conjunto, con objetivos comunes, exige reconocernos, volver a conocernos, aceptarnos como un otro legítimo, valioso y diferente. Al mismo tiempo nos ofrece la oportunidad de valorar que, a pesar de nuestras diferencias de historia, cultura, sociedad, finalmente los seres humanos buscamos lo mismo: bienestar para nosotros y las futuras generaciones.

La historia también nos muestra que el desarrollo científico y tecnológico no siempre ha tenido lugar pensando en las consecuencias para el medioambiente del planeta. Allí está uno de los grandes desafíos para la humanidad, que enfrenta un desarrollo que en ocasiones es más rápido de lo que nuestras capacidades como sociedades diversas, complejas y dinámicas, nos permiten asimilar.

En esta nueva era, las capacidades de exploración de los países han ido creciendo sostenidamente, diversificando el tipo de actividad desarrollada en el Continente Blanco, incluyendo no solo aquellas tradicionales como exploraciones, investigación científica, pesca o turismo, sino también otras actividades emergentes como la bioprospección o nuevas formas de turismo.

Esto requiere diálogos y acuerdos que permitan definir un equilibrio dinámico entre la protección y el uso que se le da al territorio, con el propósito de obtener un desarrollo sustentable y sostenible de la Antártica y el planeta con el que está tan íntimamente conectada.

Muchas Gracias.

Dr. José Retamales
Director, Instituto Antártico Chileno
Beijing, República Popular de China, 22 de mayo de 2017

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Por Reiner Canales
Departamento de Comunicaciones y Educación
Instituto Antártico Chileno
CP 49/2017

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