Instituto Antártico Chileno

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Villa Las Estrellas (por Daniel González)

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Publicado
31 de mar del 2011

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Ciencia opinión

Ya en el avión, ver desde el aire esta gran mole de hielo fue emocionante, un paisaje no comparable con nada, poca tierra rodeada de grandes bloques de hielo en todas direcciones. Un mar descontrolado con un viento ininterrumpido, helado, que cala los huesos, ésta es la Antártica, verano por cierto, en invierno no se puede hacer nada más que encerrarse en las numerosas bases acá existentes, salir es un martirio.

La mayor concentración de pobladores chilenos de la Antártica se encuentra en las denominadas Shetland del Sur, las islas más septentrionales del continente Antártico. Específicamente por ahora estamos en el extremo sur de la isla Rey Jorge. Es uno de los lugares más visitados por turistas, son los lugares más atractivos, hay numerosos fiordos, montes y por lo mismo más fauna, principalmente pingüinos que nidifican en los lugares abandonados por el hielo.

Los turistas, se calculan en cerca de 30 mil visitantes por temporada que va desde octubre hasta marzo, época en que si el tiempo lo permite, se puede incluso hasta tener un día con sol, eso si, sin superar las bajas temperaturas. Acá llegan barcos y aviones de todos lados, principalmente de las dos más importantes ciudades del sur de Sudamérica, Ushuaia en Argentina y Punta Arenas en Chile. Al aeródromo “Tte. Rodolfo Marsh” llegan unos 500 turistas que generalmente vienen en un crucero que se estaciona en Punta Arenas, unos van a las Torres del Paine, otros visitan la isla Magdalena y otros deciden ir a la Antártica. Después de pagar 3.600 dólares en un vuelo de dos horas llegan a Villa las Estrellas, luego hacen paseos en zodiac, ven las pingüineras y los hermosos glaciares. Luego de tres horas de pisar el Continente Blanco, vuelan de vuelta a Punta Arenas y se van felices con el timbre que estampan en su pasaporte en donde confirman que estuvieron en la Antártica.

En un aterrizaje bastante suave en una pista de tierra aterrizamos en el aeródromo “Tte. Marsh”, en la Base Presidente Frei. Después de sacar los bultos del avión, y cargarlos en los vehículos, caminamos un par de kilómetros para llegar a Villa las Estrellas, poblado con 47 habitantes, casi todos uniformados. Hay un banco (BCI), un correo que abre una hora al día, una posta, un pequeño gimnasio que es para los uniformados… No hay almacén, ni moll, ni semáforos…

Empecé a darme cuenta como era la cosa, hay bases de distinta procedencia en el mismo lugar. En Villa Las Estrellas, una calle separa las bases chilenas de las rusas. En el costado de las construcciones de la Armada se encuentran las dependencias del Instituto Antártico Chileno (INACH), destinado principalmente para alojar investigadores que durante la temporada llegan a realizar sus colectas y observaciones. Tiene una capacidad para alojar sin problemas a 26 investigadores, sin embargo, esta vez seríamos 34, ya que muchos, entre ellos nosotros, íbamos de paso esperando conexiones que nos trasladarían a otras bases.

Quedamos finalmente durmiendo en catres de campaña, cinco personas en una pieza, tres chilenos, un francés y un español. La base cuenta con varios edificios, unos destinados como dormitorios con cómodas habitaciones dobles, calefaccionadas, tres laboratorios, con las condiciones para realizar algunas actividades, y un salón donde se come con un par de largos sofás donde se puede ver cómodamente, con vista al mar, la película de turno o trabajar con un lento Internet.


Comedor de la base Escudero, a cargo de INACH

Tenemos un horario para las comidas, y una encargada de base que es la que regula toda la logística para que los investigadores puedan acceder a cada uno de los lugares propuestos en sus proyectos. El INACH cuenta con zodiac, cuatrimotos, conexiones con FACH para los vuelos en helicóptero y radios que cada uno de los que salen de la base deben llevar e informar a la jefa de base sobre cada una de las actividades que se realicen.


Sala de estar en base Escudero

Hay todo tipo de temas en las mentes de esta gente, unos preocupados de encontrar evidencias de vida en las piedras antárticas, otros preocupados de la radiación, el magnetismo, de los musgos, líquenes, helechos, otros que buscan en los fondos marinos las relaciones genéticas entre la fauna antártica y sudamericana, algunos sobre el efecto antrópico en la contaminación del ambiente y nosotros de la conservación de la fauna silvestre, evaluar el estado sanitario de los pingüinos, los emblemas vivientes de este continente.

Autor: Daniel González Acuña, ornitólogo de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Concepción.
Investigador principal del proyecto “La garrapata de aves marinas Ixodes Uriae como vector de virus, bacterias y protozoos, patógenos para pingüinos de ambientes antárticos”, que integra el Programa Nacional de Ciencia Antártica.