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Científicos analizan la velocidad de corrosión de los metales en la Antártica

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Publicado
26 de dic del 2011

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Están elaborando un mapa de corrosividad atmosférica de los metales y aleaciones de mayor uso en Chile, con el objeto de saber cuáles son los mejores metales para construcción en el país.

Punta Arenas, 26 de diciembre de 2011.- Se cumplió un año en noviembre desde que científicos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) instalaron en la Antártica la última de sus estaciones de ensayo que mide a lo largo de Chile la velocidad de corrosión y el impacto que genera en los metales. Entre los hallazgos del proyecto en el Continente Blanco, se encuentra la constatación de que el acero galvanizado resiste mejor a la acción de los cloruros y al dióxido de azufre, en comparación al cobre o el acero al carbono.

Los estudiantes de Química Industrial de la PUCV, Fabrizio Vinciguerra y Tamara Cortés, recientemente retiraron algunas muestras ubicadas en la base científica “Profesor Julio Escudero” del Instituto Antártico Chileno (INACH). El equipo estuvo la primera quincena de diciembre, siendo parte del primer grupo de científicos que dieron inicio a la XLVIII Expedición Científica Antártica (ECA 48), organizada por el INACH.

Ellos son parte del proyecto “Construcción de mapas de corrosividad atmosférica de Chile para los metales y aleaciones de mayor interés tecnológico”, financiado por Corfo-Innova y el INACH, y liderado por la decana de la Facultad de Ciencias de la PUCV, Rosa Vera.

El objetivo de esta investigación es diseñar un catastro a lo largo del país y en la península Antártica, sobre cómo se deterioran algunos metales y cuáles son los más adecuados para la construcción en diferentes zonas de Chile. “La corrosión atmosférica es la causa más frecuente de deterioro que sufren los metales y sus aleaciones, ya que la gran mayoría de las construcciones, estructuras y piezas metálicas, se encuentran expuestas a la acción del medioambiente”, explica Rosa Vera.

La estación en la península Antártica es la número 31 ubicada a lo largo del país (de Arica a Punta Arenas, y en la Isla de Pascua) y, al igual que las otras en el continente, mide la velocidad de corrosión del acero galvanizado, acero al carbono, aluminio y cobre. Además, se obtendrán variables meteorológicas en las estaciones, entre otros antecedentes. La idea es que con los datos obtenidos durante tres años (se comenzó el 2010), se pueda elaborar un mapa de corrosividad atmosférica de los metales y aleaciones de mayor uso en Chile.

En el caso de la Antártida, se detectaron altos niveles de dióxido de azufre (SO2) y se comprobó que el acero galvanizado, que posee moléculas de zinc, es uno de los más resistentes a la acción del hielo, la lluvia y las bajas temperaturas respecto a los otros metales analizados.

“Hemos encontrado altos niveles de cloruro, pues está muy cerca del agua. En las primeras medidas, tuvimos velocidades de corrosión no esperadas, que eran más altas de los promedios que se estilan. Para nosotros fue un resultado no esperado. Hay períodos donde está el hielo encima, lo que encapsula a las probetas y las aleja del oxígeno, disminuyendo su velocidad de corrosión”, planteó la decana Rosa Vera.

Cambios en la Antártida

De acuerdo a los estudiantes, fue insólito que al contrario de lo que ocurre en otros lugares del país, los metales se dañaron más por su contacto con el suelo que con la atmósfera, pues el hielo protegió a las láminas.

“El SO2 afecta, porque en términos simples se genera un medio ácido para los metales y el proceso de corrosión es electroquímico, es decir, los iones que están en la atmósfera afectan el metal, en algunos casos es protector y en otros acelera la velocidad de corrosión”, explicó Tamara Cortés.

Al contacto con la naturaleza, ocurren reacciones químicas y electroquímicas que producen un ataque destructivo del metal, provocando en algunos casos la pérdida de sus propiedades naturales. En Europa y Estados Unidos se han realizado estudios en los que se analizan los elevados costos que supone la corrosión. En ellos se señala que aproximadamente un 20% a 25% de tales gastos podrían evitarse si se emplearan métodos adecuados de protección.

En esta investigación de carácter interdisciplinaria, participan académicos del Instituto de Química, y especialistas de los institutos de Estadística y Geografía de la PUCV, además de las escuelas de ingeniería Mecánica e Informática.