Instituto Antártico Chileno

ciudad-ant2

Punta Arenas, ciudad antártica (parte 1)

Ud esta en: home > noticias > Punta Arenas, ciudad antártica (pa...
Publicado
14 de sep del 2012

Buscar por

Boletín eca Institucional prensa


Una espléndida edificación de estilo daba marco de dignidad urbana a la plaza Muñoz Gamero de Punta Arenas en 1910. De izquierda a derecha: residencia del empresario Juan Blanchard (actualmente la sede del INACH), edificio del Banco Anglo-Sudamericano, edificio del Banco Comercial y Club Magallanes y casa matriz de Braun & Blanchard.

En este artículo, el recordado embajador Jorge Berguño Barnes (1929-2011) hace un recorrido por los hitos urbanos de Punta Arenas asociados a la historia antártica, una historia que convierte a nuestra ciudad en un ícono de las epopeyas polares a nivel mundial. Amundsen, Nordenskjöld, Shackleton, Gerlache, Scott y Pardo son nombres pertenecientes a la etapa heroica de la exploración polar y que son recordados aquí durante su paso por la Punta Arenas de comienzos del siglo XX.

A pesar de su corta existencia, Punta Arenas tuvo una vida azarosa, particularmente en sus primeros veinte años, cuando su condición de colonia penal y su directa dependencia de los centros administrativos estatales limitaron y obstaculizaron un desarrollo espontáneo que su condición austral y marítima presagiaban como inevitable. Sobrevino inesperadamente una época dorada durante la cual, según el escritor Domingo Melfi, “la ciudad los envolvía a todos en el sortilegio de su crecimiento”.

En sólo dos décadas, desde 1890 a 1910, Punta Arenas se había transformado. Fue tan vertiginosa la transformación que el explorador Roald Amundsen, habiendo zarpado de Punta Arenas en el Belgica el 14 de diciembre de 1897 y retornado de una penosa invernada antártica el 28 de marzo de 1899, registró en su Diario esa intensa impresión de cambio: “Punta Arenas ha crecido asombrosamente. Hay luz eléctrica y teléfonos en todas partes, se ha pavimentado extensamente y hay tiendas amplias y elegantes. (…) Los hábitos y la moralidad de la gente también han cambiado. Era usual deambular por todas partes en vestimenta informal y descuidada. Ahora se exige andar vestido a la última moda. El sector portuario está notoriamente más activo que dos años atrás…”.

Esta década coincidió con el mayor despliegue de expediciones antárticas y la ubicación de Punta Arenas, su posición marítima estratégica en el tráfico interocéanico, así como su capacidad para cobijar, abastecer y facilitar las operaciones de los exploradores, como antes y después lo había hecho con loberos y balleneros, convirtieron a Punta Arenas en el gran puerto antártico.

Esta condición la ostentaba mucho antes, como consecuencia de la cooperación internacional iniciada con la observación del tránsito del planeta Venus y de los Años Polares Internacionales. No obstante, el progreso urbano ha borrado los rastros de la presencia de la Misión Astronómica Alemana encabezada por el Dr. Anwers, director del Observatorio Astronómico de Berlín; de la Misión Científica Francesa, cuyo programa fue elaborado por la Academia de Ciencias de París, despachándose desde Punta Arenas más de 200 cajas de muestras científicas recogidas en la región del cabo de Hornos; y de la Misión Científica Sueca encabezada por el Dr. Otto Nordenskjöld, quien sostuvo conversaciones con el gobernador Manuel Señoret y la Sociedad Científica de Chile sobre la organización de una expedición antártica chileno-sueca en el buque Magallanes, de la Armada.

En cambio, para los años del 900, la arquitectura de la ciudad conserva casi todos los grandes hitos de su pasado antártico. Desde el emplazamiento del edificio del Instituto Antártico Chileno en Punta Arenas, frente a la Plaza Muñoz Gamero, se respira por todos los muros de la antigua Residencia Blanchard un extraordinario ambiente: la fusión del proceso de crecimiento urbano con la gran epopeya de la historia antártica de fines del siglo XIX y comienzos del pasado siglo XX.
Juan Blanchard, quien había sucedido a su tío Gastón, un comerciante francés de Valparaíso, en la Sociedad Braun y Blanchard, simultáneamente con el ascenso a socio principal de Mauricio (Moritz) Braun en reemplazo del fallecido pionero José Nogueira, encargó la construcción de su residencia a Antoine Beaulier. Blanchard y Beaulier tendrían, cada uno, su conexión antártica.

Examinemos primero el entorno próximo de la Residencia Blanchard. Los terrenos en que se ubicaba el chalet Williams pasaron a pertenecer a Walter Curtze, como consecuencia de su casamiento con María Williams. En la antigua firma Nogueira & Blanchard, Curtze era el hombre de confianza del portugués, a cargo de las representaciones mercantiles, agencias extranjeras y seguros. En la nueva sociedad y en casi todos los grandes emprendimientos de Braun & Blanchard y otros propios, fue Curtze un magallánico destacado. Con ocasión de la primera expedición naval antártica que partió y retornó a Punta Arenas, comandada por Adrien de Gerlache en la Belgica (1897), fue Curtze el principal anfitrión de los expedicionarios, entre los cuales se contaba el futuro conquistador del polo sur, Roald Amundsen. Curtze les ofreció “un espléndido lunch” en la hijuela de su compatriota Juan Buckman. Según el Diario de Amundsen, el menú no era tan impresionante (asado al palo, sopa y fruta) “pero es el gesto el que cuenta”; 19 nacionalidades estaban representadas en este agasajo, durante el cual Amundsen ha podido conocer a su compatriota Adolfo Amandus Andresen, el pionero de la caza de la ballena en aguas antárticas.

La propiedad de Blanchard limitaba también con la de Juan Bitsch y con la Primera Compañía de Bomberos, que había sido fundada en 1889 como “Bomba Magallanes”. El papel más importante de la Primera Compañía de Bomberos en el historial antártico local fue ofrecer una gran velada de gala a la cual asistieron, en irreprochable tenida de “smoking”, el explorador Ernest Shackleton, sus compañeros rescatados por la Yelcho y el piloto Luis Alberto Pardo, héroe del rescate.

En la misma calle Roca, siempre limítrofe con la retaguardia de la propiedad de Blanchard, se encontraba el Banco de Punta Arenas, construido el mismo año 1907 y en funcionamiento desde enero de 1909. En sus pisos superiores funcionaba el Club Británico, al cual acudieron, en un momento muy difícil, Shackleton, Carlos Riesco (editor del Magellan Times), Alan McDonald (presidente del club) y Charles A. Milward, el cónsul británico en cuya casa se alojaba Shackleton y en cuyo “living” el explorador, en un acceso de nervios, había incrustado una bala [se trata del chalet Milward, donde actualmente tiene sus instalaciones el diario El Pingüino].

Se ha mencionado que Blanchard construyó su solar en terrenos que ocupaba en parte el viejo correo, hasta que se construyó el nuevo en 1905, en la calle que lleva el nombre de José Menéndez. El Correo de Punta Arenas, como lo ha destacado un historiador de la región [Sergio Lausic], tuvo siempre importancia en la difusión de noticias de las expediciones antárticas, pero en una ocasión, al menos, jugó un papel decisivo. Mencionemos que el mundo entero carecía de noticias sobre la suerte del Discovery, del capitán Scott, aprisionado entre los hielos hasta que dos vapores auxiliares consiguieron abrirle con dinamita un angosto pasaje hacia la libertad. De regreso a Inglaterra, la corbeta Discovery llegó a Punta Arenas, procedente de Nueva Zelandia, a las 2.00 AM del 8 de julio de 1904. El capitán Robert Falcon Scott y un oficial, acompañados por el cónsul Milward, depositaron casi 400 cartas en el Correo de Punta Arenas.

Por Jorge Berguño Barnes
Versión adaptada de artículo disponible en el Boletín Antártico Chileno ( web INACH ).


Chalet Milward (Av. España 959). Fue residencia del cónsul británico Charles Allan Milward, quien asistió en 1904 al capitán Robert Scott en el envío de correspondencia del buque Discovery desde Punta Arenas; organizó en 1905 la Compañía de Exploración de Georgia del Sur; y alojó en 1916 al explorador Ernest Shackleton durante su estada en Punta Arenas. En el living, Shackleton habría hecho dos disparos presa de la desesperación por los magros resultados de sus esfuerzos por rescatar a sus compañeros. Hoy en día funciona aquí el diario El Pingüino.