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Punta Arenas, ciudad antártica (parte 2)

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Publicado
15 de sep del 2012

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El Hotel de France se ubicaba en la esquina de O’Higgins y Roca, donde actualmente está el edificio Los Ganaderos. Alojó en 1897 al explorador polar noruego y futuro conquistador del polo sur Roald Amundsen y en 1910 la colonia francesa residente, encabezada por Antoine Beaulier, ofreció una cena en homenaje al explorador francés Jean-Baptiste Charcot (fotografía perteneciente a la colección de Fernando Calcutta V.).

Segunda parte y final del artículo escrito por el destacado embajador Jorge Berguño Barnes (1929-2011), que realiza un recorrido histórico antártico por las calles de nuestra ciudad. Entre los años 1890 y 1910, Punta Arenas vivió un notable auge, transformándose en un faro de progreso para toda la Patagonia. Testigos de esta época fueron los más importantes exploradores polares, cuyo paso por la ciudad ha sido rescatado a través de una serie de placas informativas instaladas por el Instituto Antártico Chileno en edificios emblemáticos de la historia polar magallánica.

Si caminamos desde la residencia Blanchard [actual sede del Instituto Antártico Chileno], doblando la esquina de Roca y prosiguiendo por esa calle hasta el Estrecho nos encontramos con una explanada en la avenida costanera que, en la prolongación de la siguiente calle Errázuriz, continuaba con el Muelle de Pasajeros o “Muelle Verde”. Desde allí, el 16 de diciembre de 1908, en su yate a motor Laurita, fue a despedir Juan Blanchard a su amigo el explorador Jean-Baptiste Charcot, acompañado por el gobernador Chaigneau y los miembros de la colonia francesa Beaulier, Detaille, Grossi, Poivre, Roca y el gerente noruego de la Sociedad Ballenera de Magallanes Augusto Henkes. La comitiva subió a bordo del Pourquoi-Pas? que emprendía su segundo viaje de exploración antártica; el champagne inspiró auspiciosos brindis. Charcot zarpó con una nave esmeradamente avituallada por Detaille, entonces encargado de aprovisionamientos de la Sociedad Ballenera de Magallanes. Con el tiempo, Detaille y Henkes establecerían su propio negocio de aprovisionamiento en el edificio de Jorge y Santiago Martinic. Charcot llevaba consigo correspondencia para el capitán Adolfo Andresen, comodoro de la flotilla de la Sociedad Ballenera en isla Decepción y, lo que era más importante, una carta de Blanchard a Andresen, con el acuerdo del Directorio de la Sociedad Ballenera de apoyar con carbón y todos los medios a su disposición las exploraciones del científico francés.

El 11 de febrero de 1910 retornaba el Pourquoi-Pas? a Punta Arenas y todos los amigos de Charcot, con la sola excepción de Francisco Poivre, que había fallecido, habían acudido a recibirlo a bordo del Laurita. Después de descansar brevemente en la residencia Blanchard, Charcot cruzó la plaza Muñoz Gamero para asistir al almuerzo que le ofrecía el gobernador Chaigneau en el Palacio de la Gobernación, diseñado en sobrias líneas neoclásicas y geométricas proporciones por Antonio Allende. Con todo, la colonia francesa quiso rendirle un homenaje más íntimo a su compatriota, que se llevó a efecto en el Hotel de France, donde varios años antes se habían alojado Roald Amundsen y demás miembros de la expedición del Belgica.

Durante el período histórico de gran tráfico marítimo de Punta Arenas, si hubiésemos elegido caminar hacia el Estrecho por la calle Pedro Montt, remataríamos en el muelle “Loreto”, de la Sociedad Menéndez-Behety.

Desde los muelles de Punta Arenas partieron las expediciones de rescate de los 22 hombres aislados en isla Elefante después de la partida de Shackleton. Tuvo Shackleton dos existencias en Punta Arenas: una de infinitos padecimientos y otra de jubiloso triunfo. La primera se extiende desde su llegada, desde las Malvinas, en el vapor Orita, el 4 de julio de 1916, siendo saludado personalmente por el gobernador Fernando Edwards; hasta su regreso triunfal, junto a su salvador, el piloto Pardo, a bordo de la Yelcho, el 3 de septiembre de 1916. En la segunda etapa, que se extiende durante veinticuatro días, hasta la partida de Shackleton y su gente a bordo de la Yelcho, con destino a Valparaíso, sólo hubo festejos. Los expedicionarios se alojaron en el Hotel Royal, perteneciente a un residente inglés y fueron agasajados sucesivamente en el Club Británico, el Club Magallanes, el Club Croata, la Primera y Segunda Compañía de Bomberos, y por numerosas personalidades locales. Shackleton dio charlas en el Club Británico, en la Iglesia Anglicana a cargo del Reverendo C. Cater, amigo suyo desde la época en que ambos vivieron en Edimburgo, y en algunas escuelas.

Con todo, mayor impacto tuvo la charla de Frank Wild en el Teatro Municipal de Punta Arenas, diseñado por Numa Mayer en un estilo similar al Colón de Buenos Aires. Wild estuvo asistido por el fotógrafo australiano Frank Hurley, quien exhibió, por primera vez y antes que fuesen conocidas por el resto del mundo, las dramáticas fotografías y filmaciones del naufragio del Endurance, su destrucción por el hielo y las penosas condiciones en que los náufragos sobrevivieron en isla Elefante. La comisión de Alcaldes ya había recibido formalmente a los expedicionarios en la Casa Consistorial, pero resolvió agasajarlos con una gran fiesta popular en el Club Hípico de Punta Arenas. En este acto multitudinario se asaron 200 ovejas, corrió la cerveza, el vino y otras bebidas, y se hicieron todo tipo de competencias deportivas, incluyendo un partido de football que duró dos horas y media.

Sir Ernest se escapaba a veces al rancho de Tom Jones, administrador del frigorífico de Río Seco. Muy cerca de allí, en el refugio campestre de María Menéndez de Campos, rodeado de un bello jardín con vista al Estrecho, Shackleton escribió en el álbum de María algunos versos extractados del poema “Ship of Fools”, del poeta St. John Lucas: “Somos esos locos que no hallaban reposo en la tierra gris que dejaban atrás…”. Pero Río Seco pasará a la historia por los llamados por teléfono de Shackleton y del piloto Pardo, anunciando su llegada en la Yelcho, así como las conjeturas acerca de si el mundo conoció la noticia del rescate por el teléfono del frigorífico de Río Seco o bien por el telégrafo de la Estación Radio Telegráfica de Punta Arenas (actual Radioestación Bahía Catalina) que entró en servicio en 1914.

En el Club Hípico no sólo se homenajeaba a Shackleton, sino que se efectuaban los vuelos de Luis Omar Page en su monoplano Sánchez Besa y otros ensayos uniendo Punta Arenas con Río Gallegos en 1921. Si en aquellos años se hubiese realizado el vuelo que planeaba en 1926, el ingeniero chileno Antonio Pauly, desde Buenos Aires al polo sur, casi inevitablemente habría hecho escala en el Club Hípico de Punta Arenas. No prosperó la idea, pero Punta Arenas tuvo la oportunidad de demostrar su insuperable capacidad como plataforma de expediciones antárticas, apoyando con equipos, repuestos y suministros varios la expedición de Lincoln Ellsworth y con aviones que, si bien partieron de Estados Unidos, despegaron desde Punta Arenas hacia la Antártida, a fin de rescatar al explorador y su piloto, extraviados durante su vuelo transpolar de 1935.

Punta Arenas continuó siendo una escala importante de expediciones antárticas posteriores, como la del almirante Richard Byrd en el buque Bear, en 1939. La presencia magnética de Byrd causó viva impresión por la personalidad del líder, lo ambicioso de los objetivos así como la cantidad y calidad del equipamiento de la expedición. Byrd fue atendido por las autoridades regionales y también se desplazó por los alrededores, incluyendo las infaltables visitas a Fuerte Bulnes, Puerto del Hambre y Río Seco. Llevaba a bordo dos oficiales de marina chilena como observadores invitados, Federico Bonnert y Exequiel Rodríguez, quien realizó la primera filmación de la Antártica Chilena. Esta comisión anticipaba la futura expedición antártica de 1947, fecha desde la cual se generarían las expediciones anuales de Chile al Continente Helado. Desde entonces y hasta fines del siglo pasado, Punta Arenas consolidaría su posición de plataforma marítima y aeronáutica, para emerger en los albores del siglo XXI como uno de los grandes “puentes” o puertas de entrada a la Antártida.

Por Jorge Berguño Barnes
Versión adaptada de artículo disponible en el Boletín Antártico Chileno (web INACH )


El piloto Luis Pardo, Ernest Shackleton y los náufragos que rescató el chileno desde la isla Elefante en 1916. Nuestro héroe antártico posa frente al Hotel Royal (O’Higgins esquina José Menéndez), donde se alojaron los integrantes de la malograda expedición del Endurance (fotografía facilitada por Fernando Pardo, nieto de Luis Pardo V.).