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Caminando sobre el sumergido puente de Gondwana

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Publicado
21 de abr del 2013

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Ciencia


Investigadores chilenos y alemanes están trabajando en la extracción de los restos fósiles de ictiosaurios encontrados a la orilla del glaciar Tyndall.

¿Qué vínculos tienen la Patagonia y Antártica?, ¿qué tesoros guarda el ADN de los seres vivos polares?, ¿están siendo afectados por el cambio climático? o ¿cuál es el estado del medioambiente polar en este momento? Son algunas de las preguntas que se responderán desde la óptica de los científicos nacionales que cada verano viajan desde Punta Arenas al Continente Blanco para enfrentarse al peor de los climas y al más desafiante laboratorio natural del planeta.

Es perfectamente posible pararse en el cerro de La Cruz (si no se tiene la suerte de llegar hasta la Cruz de Froward, último rincón del continente americano), mirar hacia el sur e imaginarse el puente que alguna vez existió entre la Patagonia y Antártica. No un puente de aire o de agua, si no tierra firme, sólida, que por millones de años unió estas enormes masas continentales hoy separadas.

El Programa Nacional de Ciencia Antártica, que administra el Instituto Antártico Chileno (INACH) y reúne las investigaciones que el país realiza en el Continente Blanco, dedica toda una línea a estudiar esta profunda interrelación.

Chile es la nación más próxima al Continente Blanco y esto explica en parte la dramática interdependencia que tienen. Su estrecho contacto físico en algunos capítulos de la historia natural, ha servido de pasarela para muchas especies terrestres que hoy habitan los bosques subantárticos de Chile y que gradualmente desaparecieron de la Antártica. La formación de la corriente fría de Humboldt y la consecuente aparición del desierto de Atacama, la altísima productividad primaria, origen de la riqueza pesquera de Chile, son efectos de esta interdependencia que ha determinado el pasado y presente de Chile y que son estudiados en proyectos de esta línea de investigación, usando modernas técnicas geológicas, paleontológicas y biogeográficas.

Evolución y orígenes de la biota austral

En un ejemplo de unión entre ciencia y turismo, un proyecto ejecutado por científicos chilenos y alemanes estudia los ictiosaurios, reptiles marinos parecidos a delfines de la era de los dinosaurios, hallados en rocas de una cuenca marina común a la región austral de Chile y la península Antártica, brindando un nuevo horizonte al turismo de intereses especiales. Así, una de las mayores concentraciones de ictiosaurios del mundo servirá a la investigación científica y al desarrollo cultural y económico de un sector hasta ahora inexplorado del Parque Nacional Torres del Paine, abriendo un mundo de insospechados alcances y potencialidades, derivados del retroceso de los glaciares.

Otro proyecto, de la Universidad Católica de Chile, busca establecer las formas de adaptación de pingüinos en Sudamérica y Antártica a lo largo del tiempo, relacionándolas con episodios de cambio climático histórico y contemporáneo.

Estudios filogenéticos en invertebrados marinos

Un grupo de biólogos se ha planteado utilizar los organismos marinos como registro viviente del pasado reciente y remoto, mirando al sujeto último de los procesos evolutivos: el ADN. Gracias a sus estudios, se han logrado establecer complejas relaciones evolutivas entre la fauna de la Antártica y de lugares tan distantes como las islas subantárticas oceánicas de Australia, Sudáfrica y Chile.

Investigadores chilenos y alemanes están trabajando en la extracción de los restos fósiles de ictiosaurios encontrados a la orilla del glaciar Tyndall. Estos reptiles marinos con forma de delfín habitaron una cuenca marina común de la región austral de Chile y la península Antártica, hace 120 millones de años. En la imagen se observa una reconstrucción digital de un ictiosaurio realizada por el diseñador Pablo Ruiz, del INACH.

Se observa en la imagen una de las especies dominantes de los sistemas intermareales de la península Antártica: la lapa antártica (Nacella concinna) alimentándose sobre frondas de macroalgas. El Dr. Claudio González, del Instituto de Ecología y Biodiversidad, estudia la historia demográfica de esta lapa, para reconstruir la relación filogenética entre los linajes de Nacella de la Antártica y de la isla subantártica Marion, al sur del océano Índico (foto: D. Schories).

El Dr. Marcelo Rivadeneira, del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas y Universidad Católica del Norte, investiga una de las características más sorprendentes y singulares de la biodiversidad marina antártica: la existencia de formas gigantescas y enanas. En la imagen, se aprecian ejemplos de enanismo en caracoles antárticos del género Trophon. Las especies Trophon minutus (a), Trophon drygalskii (b) y Trophon longstaffi (c), presentes en la Antártica, alcanzan menos de 1 cm de altura. En contraste, Trophon geversianus (d), especie que habita el sur de Chile, puede alcanzar hasta 11 cm de altura (Smithsonian National Museum of Natural History).

El Dr. Andrés Mansilla, de la Universidad de Magallanes, está buceando en las gélidas aguas polares y recorriendo las zonas intermareales para obtener muestras de algas que permitan, entre otros objetivos, conocer el origen de las especies del sur austral de Chile (desde Chiloé a la Antártica) y sus propiedades para la medicina, la alimentación y la explotación comercial sustentable (foto: E. Barticevic).