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Plantas fósiles revelan antiguos bosques antárticos y patagónicos

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Publicado
13 de nov del 2013

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Nishida muestra un tronco de Araucarioxylon (madera fósil de araucarias) de la península Byers, isla Livingston, en rocas del Cretácico Inferior.

Investigación, liderada por el paleobotánico japonés Harufumi Nishida, busca comprobar la antigua conexión continental entre Sudamérica y Australia a través de la Antártica.

Hace unos 50 millones de años, la Antártica y la Patagonia formaban parte de una única masa continental y el clima era mucho más cálido que el actual, lo que permitía el crecimiento de extensos bosques, como los que hoy vemos en la zona central y sur del país.

Importante evidencia de ese paisaje borrado por el hielo y los cambios geológicos está volviendo a salir a la luz desde el año 2003. En esa fecha el paleobotánico japonés Harufumi Nishida encontró en el sector de Isla Riesco, en la Región de Magallanes, restos de hojas, polen, semillas y musgos calcificados de más de 50 millones de años.
“Fue la primera vez que se encontró algo así en Chile, y también en Sudamérica”, destaca Nishida. El investigador fue uno de los invitados al UTokyo Forum, realizado en el país la semana pasada, durante el cual 150 investigadores de la Universidad de Tokio intercambiaron experiencias con científicos locales.

A Nishida le tocó hablar en la facultad de ingeniería de la U. de Chile sobre su trabajo con estos ensambles de plantas permineralizadas. Se trata de una especie de petrificación que se ha identificado también en Japón, Australia y Canadá, y que son como cápsulas del tiempo, ya que no solo pueden contener restos de plantas, sino también de insectos.

A este científico le interesa en especial el pasado de los Nothofagus , género que incluye los alerces, robles y lengas, y que solo está presente, además de en Chile, en Argentina, Australia, Nueva Zelandia, Nueva Guinea y Nueva Caledonia. Los cuatro últimos territorios están en Oceanía, lo que habla de una antigua conexión continental entre Sudamérica y Australia a través de la Antártica.

El paleobotánico japonés encontró en Isla Riesco la más antigua evidencia documentada de ellos, la que data del cretácico superior; es decir, al menos unos 70 millones de años atrás. “Su origen podría ser la Antártica, aunque no está claro todavía, pero el hallar esta evidencia significa que ya a fines del cretácico había una importante población de estos árboles en lo que hoy es la Patagonia Chilena”.

Aparte de su trabajo en Isla Riesco, Nishida también ha trabajado intensamente en Cocholgue, una caleta al norte de Tomé, provincia de Concepción, donde ha encontrado ejemplos de una época similar a la de la isla magallánica.
En 2011 realizó su primera búsqueda en la Antártica con el apoyo del Instituto Chileno Antártico (Inach), donde además encontró restos de troncos petrificados de araucarias. En los tres proyectos ha trabajado estrechamente con investigadores chilenos, como los paleobotánicos Luis Felipe Hinojosa, de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile, y Marcelo Leppe, del Inach.

Aunque Nishida vino esta vez invitado por la Universidad de Tokio, es casi de la casa, porque desde 1974 ha estado vinculado con el país. “Mi padre, Makoto Nishida, también paleobotánico, llegó a Chile junto a una expedición de la Universidad de Tokio enfocada a conocer la flora chilena”, recuerda.

En esa época él era estudiante universitario, y formó parte del grupo, pero solo como compañía de su padre, y no como investigador. Volvería muchas veces junto a él, ya que entre 1979 y 1989 participó en cinco estudios relacionados con el pasado de la flora chilena. “Mi papa falleció en 1998, y yo personalmente empecé una nueva serie de trabajos paleobotánicos en 2002. Ahí fue que me encontré con las muestras calcificadas de Isla Riesco”, recuerda.

Fuente: El Mercurio