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Una ventana al pasado de Magallanes


Patagonia evoca, desde tiempos inmemoriales, a lo remoto, antiguo, lo primitivo. 123 años han pasado desde que Eberhard encontrara la Cueva del Milodón y su piel despertara las mentes de miles de lectores que devoraban los fantásticos relatos sobre la cacería del mítico perezoso gigante.

Desde esos años, una ingente cantidad de conocimiento científico ha sido generada por extremos investigadores que han quitado algunos velos a la misteriosa historia natural del sur de Sudamérica.

El que no haya más tierras a esta latitud en el resto del mundo, el que en las rocas de la gran cuenca deMagallanes esté registrada la historia de la conexión física entre Sudamérica y Antártica, y el que mucho de este conocimiento no haya traspasado el hermetismo y la endogamia de los círculos científicos, ha conspirado para que el turismo científico de
Magallanes se encuentre aún en una etapa muy embrionaria.

El presente texto tiene por objetivo tender un primer puente entre ciencia y turismo, pero el lector se dará
cabal cuenta de que, evidentemente, tendrá además un enorme valor patrimonial y educativo.

Para ello hemos tomado uno de los intervalos más carismáticos de la historia natural, pero, a la vez, menos conocido: el Mesozoico o Era de los Dinosaurios. El Mesozoico se divide en tres periodos, a saber: Triásico, Jurásico y Cretácico, siendo este
último el más generoso en evidencias fósiles en la Región de Magallanes y Antártica Chilena.

Los afloramientos siguen una orientación nortesur, atravesando todas las provincias, pero por la extensión y diversidad de los afloramientos, nos hemos concentrado en las provincias de Última Esperanza y de Magallanes, en donde se puede encontrar la transición perfecta desde ambientes continentales al norte de la región, hasta marinos profundos al sur.

El proyecto Corfo “Patagonia Fósil” ha abierto una ventana en el tiempo, un portal para que emprendedores y la red de turismo, desde guías hasta empresarios, sean capaces de enriquecer su oferta turística y, de paso, generar la transferencia tecnológica desde los paleontólogos, estratígrafos, geólogos, biólogos y geógrafos que se han involucrado en la investigación del sur austral.

Ya el milodón no estará solo; se le suman titanosaurios, hadrosaurios, megaraptores, ornitópodos y, en el mar, megabestias como mosasaurios y plesiosaurios.

Una completa nueva generación de íconos para nuestra identidad regional, pero, además, una imagen más completa, donde invertebrados y flora completarán un poco mejor la plana y sesgada visión de ese momento tan singular de la historia natural, en un lugar único del planeta.
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