Por: Juan Enrique Loyer – Jefe de la División de Asuntos Antárticos – Ministerio de Relaciones Exteriores

La Antártica es una prioridad nacional. Chile es país signatario original del Tratado Antártico –suscrito en Washington junto a otros 11 países el 1 de diciembre de 1959–, uno de los siete países reclamantes de soberanía y un actor clave en la promoción y fortalecimiento del Sistema del Tratado Antártico.
La estabilidad del Sistema, su fortalecimiento y la pertinencia de que los temas atingentes al continente sean tratados exclusivamente en los foros del Sistema favorece los intereses de Chile. El Sistema otorga un marco regulatorio estable, que reconoce las reclamaciones soberanas y permite que los objetivos del Tratado hayan perdurado por más de seis décadas: asegurar que la Antártica sea un continente de paz, ciencia y cooperación internacional.
El éxito de este Sistema, faro de luz ejemplar en el derecho internacional y en los organismos internacionales, se debe principalmente a la excelente relación entre diplomacia y ciencia. El elevado nivel de las discusiones en los principales foros del Sistema (Reunión Consultiva del Tratado Antártico, RCTA) y la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) demuestra la necesaria coordinación entre los Programas Antárticos Nacionales y la diplomacia ejecutada por las cancillerías de los Estados Miembros.
La sofisticación de las argumentaciones, la complejidad de las distintas temáticas tratadas, la solidez de los documentos presentados, son todos elementos que demuestran la necesaria y complementaria coordinación que debe existir entre ciencia y diplomacia al discutir los temas referidos a la Antártica.
Sin embargo, no siempre los mejores argumentos científicos son suficientes para que una determinada posición prevalezca por sobre otra. Elementos geopolíticos, muchas veces ajenos al Sistema del Tratado Antártico, contaminan lo tratado en este, importando conflictos que nada tienen que ver con la Antártica en su gobernanza internacional.
Es aquí donde la diplomacia, la ejecución estratégica de la política exterior, juega un rol importante. Un ejemplo de lo anterior puede ilustrarse con las dificultades que ha enfrentado la discusión sobre las distintas propuestas de Áreas Marinas Protegidas en el marco de la CCRVMA que, amparadas en la mejor ciencia disponible, no ha sido posible adoptar por posiciones políticas más que científicas.
Otros ejemplos también pueden mencionarse en la RCTA al discutirse distintos proyectos que quieran ejecutarse en el continente, así como la incorporación de nuevos miembros con el estatus de Parte Consultiva. Chile, a lo largo de estas más de seis décadas de vigencia del Tratado Antártico, ha tenido un rol activo y preponderante en el Sistema gracias precisamente a esta positiva coordinación entre diplomacia y ciencia.
Destacadas figuras diplomáticas (Julio Escudero, Óscar Pinochet de la Barra, Jorge Berguño, por nombrar solo algunos) junto con el Instituto Antártico Chileno, también con sus más de seis décadas de existencia, como parte integrante de la Cancillería, han contribuido seria y colaborativamente al fortalecimiento y promoción del Sistema del Tratado Antártico.
Esta positiva colaboración entre ciencia y diplomacia debe mantenerse y fortalecerse en aras de los intereses estratégicos de Chile en la Antártica.
