INACH

El kril, una pieza clave

⊛ 9 de Jun del 2022 ☉ Divulgación y educación Flora y fauna Antártica ⎙ Print
Con un peso de apenas 2 g y 6 cm de largo, el pequeño crustáceo conocido como kril es una de las piezas más importantes en el rompecabezas ecológico de la Antártica.

El kril (Euphausia superba) es un pequeño crustáceo que podemos encontrar en gran parte de los océanos del mundo. Puede alcanzar un tamaño máximo de 7 cm y vivir entre siete y 11 años. En la actualidad existen cerca de 86 especies de kril en el mundo, siete de ellas presentes en el océano Austral.

De estas especies, el kril antártico es la más abundante, con una biomasa estimada cercana a los 500 millones de toneladas. Su gran presencia hace que cumpla un rol clave como fuente de alimento en la zona, pues forma parte importante de la dieta para algunas focas, pingüinos, ballenas y otras especies de organismos que viven en la Antártica.

El kril presenta un ciclo de vida complejo, estrechamente relacionado al hielo marino. Cada hembra puede liberar en la columna de agua hasta 10.000 huevos por vez y puede hacerlo en varias ocasiones durante el verano. A partir de entonces, los huevos descienden hasta alcanzar entre 400 y 1.000 m de profundidad, donde encuentran las condiciones óptimas de temperatura y nutrientes para eclosionar (salir del huevo). Pasan entonces por una serie de estadios larvales, llamados nauplios, metanauplios, caliptosis y furcilias, momento en que ascienden de regreso por la columna de agua.

Durante el verano, los adultos se alimentan de unas pequeñas microalgas llamadas diatomeas, que se encuentran adheridas debajo del hielo, lugar que además usan como refugio durante el invierno. Por ello, la formación de hielo marino es un requerimiento básico para la supervivencia del kril.

Ciclo de vida del kril, con sus diferentes estadios larvales, desde huevos hasta furcilias. Las hembras grávidas en el verano austral lanzan sus huevos en las columnas de agua, los que se hunden hasta alcanzar la corriente circumpolar profunda. A partir de entonces, el kril comienza su ascenso pasando por distintos estados larvarios, hasta alcanzar su estado adulto, en el que se alimentan de microalgas bajo el hielo marino.

El rol del kril

El rol del kril en la trama trófica es tan grande, que la ciencia aún no lo conoce a fondo. Buena parte del ecosistema circumpolar se alimenta de estos crustáceos para sobrevivir, desde peces hasta ballenas, focas, pingüinos y otras aves.

Debido a lo difícil que es la vida en el Continente Helado y la escasez de alimento de todo tipo, muchas especies antárticas se han adaptado para tener una alimentación generalista, con actitudes depredadoras, carroñeras y oportunistas. Por ello, el kril antártico es el principal alimento de ballenas, focas, pingüinos y aves marinas, entre otros animales, y puede formar cardúmenes de hasta dos toneladas.

¿Sabías qué…?
  • Una ballena de aleta consume entre 300 y 400 kg de kril al día, equivalente al peso de más de 150 sandías
  • Se estima que su biomasa es de 379 millones de toneladas, lo que supera a la población mundial.

Extraído de la Enciclopedia visual de la antártica,
para más información consultar el siguiente enlace: