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Expertos identifican prioridades para fortalecer el monitoreo ambiental en isla Ardley
Un taller convocado por el Nodo Antártico reunió a especialistas con experiencia en esta área protegida. Entre las tareas propuestas figuran ordenar la información disponible, dar continuidad a las series de datos, fortalecer la cooperación internacional y establecer medidas específicas de bioseguridad.
Investigadoras e investigadores polares participaron, esta semana, en un taller técnico orientado a recoger antecedentes y recomendaciones para el diseño del Plan de Implementación del Modelo de Laboratorio Natural en la Zona Antártica Especialmente Protegida (ZAEP) isla Ardley. El trabajo forma parte de una iniciativa transversal del Nodo Laboratorio Natural Antártico.
El encuentro fue encabezado por el director del Nodo Antártico, Marcelo González, y reunió a especialistas que han liderado investigaciones en este sector, entre ellos Víctor Neira, Verónica Vallejos, Angélica Casanova, Gustavo Zúñiga, Julieta Orlando, Juan Carlos Aravena, Hugo Benítez y Leyla Cárdenas.
Los participantes coincidieron en que isla Ardley reúne condiciones relevantes para avanzar en este modelo. “Su carácter de área protegida, la diversidad de investigaciones que allí se desarrollan, la presencia de programas antárticos de distintos países, sus valores biológicos y ambientales, junto con la creciente actividad humana, permiten estudiar de manera integrada los efectos del cambio climático y de otras alteraciones sobre el ecosistema”, explicó González.
“El taller nos permitió intercambiar experiencias sobre el trabajo en terreno. También dejó en evidencia la necesidad de cubrir algunas brechas y complementar las líneas de base sobre la biodiversidad y los objetos de conservación de la isla”, agregó el director del Nodo Antártico.
Durante la jornada, los especialistas advirtieron dificultades de coordinación y falta de continuidad en las investigaciones. Aunque existen publicaciones, sitios de estudio y registros, una parte importante de esa información permanece vinculada a proyectos individuales y a periodos limitados de observación.
“Aquí hay mucha información dispersa y se necesita ordenarla”, comentó Angélica Casanova, académica de la Universidad Católica de Temuco.
A partir de este diagnóstico, se propuso sistematizar las publicaciones, permisos, datos de muestreo y series disponibles. El objetivo es construir una línea de base que permita reconocer qué mediciones pueden sostenerse en el tiempo y cuáles son los principales vacíos de conocimiento. También se planteó establecer sitios permanentes de referencia y aplicar metodologías reproducibles, de modo que los datos obtenidos en diferentes campañas y proyectos puedan ser comparados.
Otro de los puntos centrales fue la coordinación internacional. Isla Ardley es utilizada por equipos científicos de diversos países y, aunque Chile propuso su designación como ZAEP, no posee facultades exclusivas para coordinar las investigaciones desarrolladas en el lugar. Por ello, cualquier sistema de monitoreo deberá sustentarse en la cooperación científica y el intercambio de información, de acuerdo con las normas del Sistema del Tratado Antártico.
Verónica Vallejos, jefa de la Sección de Medio Ambiente del INACH, señaló que la reciente actualización del plan de gestión del área protegida “abre una oportunidad para avanzar en esta materia y para que Chile asuma un papel articulador y de liderazgo”.
Entre las brechas emergentes, los especialistas pusieron especial atención en la bioseguridad para el ingreso a este sector de la Antártica. Si bien existen medidas generales, se requieren protocolos específicos que reduzcan el riesgo de transportar accidentalmente semillas procedentes de la Patagonia, organismos no nativos o agentes patógenos.
Hugo Benítez, investigador del Instituto One Health y profesor titular de la Universidad Andrés Bello, alertó sobre la existencia de registros de una mosca invasora en isla Ardley y advirtió acerca del riesgo asociado al tránsito frecuente de personas y equipos desde bahía Fildes.
Frente a esta situación, los participantes propusieron incorporar procedimientos específicos de limpieza y bioseguridad tanto en la Guía del Investigador como en los futuros protocolos de acceso y monitoreo. Víctor Neira, médico veterinario de la Universidad de Concepción y académico de la Universidad de Chile, manifestó su disposición a colaborar en la elaboración de un plan de bioseguridad para el sitio.
Para dar continuidad al trabajo, también se propuso conformar un comité técnico asesor, integrado inicialmente por los participantes del taller y por otros especialistas que puedan incorporarse posteriormente. Esta instancia podría revisar la Guía del Investigador, la Ficha de Laboratorio Natural y las sucesivas versiones del plan de implementación.








